TECNOLOGIA Y HUMANIDADES

ECOMPU-ESPERAs un hecho cierto que la tecnología se encuentra inserta en las actividades del hombre y razón tenía Steve Jobs cuando dijo: “hay que vivir en la intersección entre la tecnología y las humanidades”, significando con ello de un lado las habilidades que el hombre desarrolla a través de su vida, de sus experiencias y de sus emociones y por el otro, las pasiones que se adquieren por la influencia del exterior.

El pensamiento del ser humano está fundamentado en la identidad terrenal, la incidencia de la sociedad, de la política y de la cultura, hechos que no son irrelevantes dentro de su propia concepción, asumen sus atributos divinos y actividades mentales propias del hombre, al punto de tener la meditación como aspecto de fe, de las representaciones que cambian la humanidad y el cambio en la dimensionalidad no solo de la personalidad sino del carácter mismo.

 

Por ello Samuel Huntington desarrolla su idea de la globalización en lo que tiene que ver con el principio cultural, y en efecto es ese principio el que está cambiando la concepción del hombre del momento actual universal, no podemos dejar de lado que la tecnología se está convirtiendo en un elemento primordial o para otros una herramienta sin la que se deje de vivir; el problema se presenta cuando lo cultural se enfrenta a lo tecnológico, no se encuentra esa diferencia dimensional entre lo uno y lo otro.

 

La construcción trasnacional de la identidad nos está llevando al hombre latino a olvidar nuestros orígenes, pues una cosa es leer pensamientos y otra cosa es escuchar las voces, la integración entre cerebro y cuerpo nos lleva a entender la sabiduría y es con esa perspectiva que hay que entender la tecnología; es ese poder mental de aceptar la tecnología como un nuevo elemento constitutivo de la integralidad del individuo, para entender el carácter existencial de la misma naturaleza, es así como Santo Tomás expresaba que la perfección es una cosa divina y en efecto es esto último lo que nos lleva a entender que ese es el fin último del hombre, es decir, llegar a la perfección y para hacerlo debe echar mano a todas las herramientas que ha adquirido bien aprendidas, o entregadas por la misma sociedad y sus adelantos.

 

Las razones para aceptar la tecnología y su intersección en las humanidades se inician desde la cultura popular hasta los universos simbólicos del hombre; desde la cosmología hasta la cosmogonía vivencial; desde las alternativas hasta la cultura de masas; desde el uso de los instrumentos hasta la razón práctica, desde el patrimonio intangible hasta la transgeneración de las culturas globales.  La tecnología, lo técnico desde la sociedad plenamente desarrollada nos permitirá convivir con todo aquello que nos permita la pragmaticidad de la existencia y en consecuencia ese portal generacional se acorte entre unos y otros individuos, pues para nadie es un secreto que aún nos queda mucho camino por recorrer dentro de este analfabetismo tecnológico y superar su incidencia en la búsqueda de la felicidad, siendo este el principio final de la existencia del ser humano dentro de su plano existencial y terrenal.

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