DESCOMPROMISO SOCIAL

Razón tenía Nietzsche cuando planteaba que el objetivo es llegar a ese gran hombre a través de la disciplina y la aniquilación de los torpes y chapuceros, ya que el individuo generalmente tiende a rechazar toda forma de relación que nos implique un compromiso, una responsabilidad permanente que dependa de nuestras decisiones y actitudes, y por ello preferimos descargar en otros la tensión de responder y en último caso preferimos depender de otros porque si algo falla, tal fatalidad nos dispensa de la culpa.

Huimos del compromiso porque así lo exige nuestra sociedad, esa relación con los demás que no nos impele de por sí a la generosidad y al altruismo. Llevamos enraizado el egoísta pues vemos en otros que el compromiso es de determinado grupo de personas, que en el fondo admiramos pero que no nos involucran con sus ejemplos, o que son capaces de dar la vida por una  utopía, de una causa gigante que transforme su vida.

Vivimos el ritmo del día, nuestras preocupaciones la determina nuestro trabajo, estudio o por intereses o motivaciones extrañas, nada en el fondo nos conmueve o nos importa, por eso algunos afirman que el mundo es de los astutos, que no escatiman  los medios con tal de lograr el fin y tan pronto aprendemos las ventajas de mentir, de simular, de vivir en un mundo de apariencias y falsas sonrisas seguimos adelante y terminamos tarde o temprano aceptando las reglas del juego, nos convertimos en cómplices silenciosos, activos o pasivos de una farsa que nos pide claudicar o perecer, callar o entrar en conflicto, subsistir o padecer las consecuencias.

Sin embargo, debemos entender que el ser humano dentro de su dimensión existencial, tiene compromisos personales sustentados en la seriedad y el empeño, igualmente tiene significado especial la entera responsabilidad del sujeto en la decisión tomada; otros son compromisos legales, los que se hacen en virtud y en fuerza de una ley establecida, pero que su carácter obligante determinan el comportamiento ético del individuo, amparadas por el Estado y la sociedad civil; algunos otros los podemos llamar compromisos obligantes, aquellos actos, ceremonias, ritos que la sociedad va estableciendo y que se convierten en obligatorios dada la fuerza de la apariencia social; otros llamados circunstanciales, que afecta o involucran a la personas de hecho sin que medien opciones personales o gustos individuales; finalmente un compromiso que llamaríamos vital, existencial, marcado por el personal empeño en asumir la vida y de querer orientarla en una dirección determinada, suponiendo una opción fundamental de vida.

Terminamos diciendo que el “futuro se construye con el presente continuo”, que el individuo como sujeto activo le corresponde hacer parte de la sociedad, como también asumir un rol dentro de la misma y como si fuera poco no despreocuparnos de lo fundamental, de la relación y la actitud frente a los demás, con un criterio único y absoluto y radical frente a la injusticia, frente a la no violencia, pero lo más importante con el Estado, con la familia y con la sociedad.

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