LOS BUENOS JEFES Y MALOS JEFES

Un síndrome que nos presenta la sociedad actual, se habla bien o mal de las personas que administran desde lo empresarial hasta lo personal, organizaciones manejadas por personajes que nada saben, expertos en otros temas menos en el manejo de los recursos humanos y económicos, en donde la experiencia nos ha llevado a volvernos observadores críticos en unos casos guardando silencio y en otras apoyando los equipos de trabajo.

 

Aportamos para tiempos de crisis, vemos el impacto de los malos jefes que magnifican y agravan los momentos difíciles pero otros como los buenos jefes, seres capaces de liderar bajo cualquier circunstancia, fenómenos o contratiempo, en donde se afrontan con éxitos no solo los problemas empresariales sino los organizacionales.

 

Aprender a identificar a un mal jefe  es tarea ardua, pues este posee unas características particulares amparadas muchas veces en amistades, dadivas, o algunas veces actos que rayan en la lambonería, delegando toda su gestión en los aduladores como fieles caballeros, es decir, en la fuerza de los mandos medios y que bien es conocido tienen más fuerza que el propio jefe.

 

Hablar de malos jefes es creer en la existencia de seres sin argumento, que no convencen y cuando lo hacen se apoyan en gritos o hablar más duro de lo normal, no hay acuerdos sino imposiciones, sujetos que levitan en vez de caminar son seudolíderes, de una generación que no se adapta a la modernidad y sus exigencias.

 

Se parte la historia en dos, cuando entendemos que nos encontramos en un momento diferente en la universalidad, y que el accidente nos ha llevado a convertirnos en sujetos comprometidos, con inquietudes, colaboradores, pensando siempre en liderar un gran proyecto por méritos propios.

 

Los malos jefes no son líderes, son solamente eso jefes. Un buen jefe reúne otras condiciones entre estas el liderazgo, apoyado en la positividad esto es empieza y no desaparece; busca alianzas estratégicas para cambiar y mejorar; está en permanente formación pues nos encontramos en la era del conocimiento; confía en sí mismo y sus valores además de ser talentoso y lo más importante nunca se precita a la hora de tomar decisiones que afecten no solo su futuro sino el de la organización.

 

“Cuando camines atravesando una tormenta, mantén bien alta la cabeza y no te preocupes por la oscuridad. Al final de la tormenta hay un cielo dorado”, (you´ll never walk alone), y en efecto ese es el principio que siempre tiene en mente un líder; los nuevos sistemas empresariales han indicado que las habilidades gerenciales algunas veces aprehendidas y otras innatas se convierten en la herramienta primordial de la administración, y es por ello que se aplica el concepto de inteligencia emocional (Daniel Goleman), esto es, proyectar los valores humanos en tiempo y en forma, es decir buscando las esencias más humanas.

 

De otro lado, el liderazgo implica comunicación no solo de una vía sino en ambos sentidos, revolcando las aptitudes comunicacionales de los integrantes de la empresa, de los compañeros de proyecto u oficina, permitiendo con ello revalorizar, modificar y corregir las actitudes, permitiendo la búsqueda de los puntos fuertes del ser profesional y emprendedor.

 

El reto exige del líder no solo desde el plano personal sino organizacional el identificar los fenómenos que afectan el desarrollo de los proyectos, de las directrices de alta gerencia para encontrar las soluciones de continuidad que permitan el cumplimiento de las metas propuestas, igualmente entregar un producto y un servicio acorde con las necesidades empresariales.

 

Dirigir, movilizar y lograr tres términos que están en permanente conjunción en la mente del buen jefe o líder, lo primero porque tiene conciencia quiénes conforman su grupo, cuál es la misión y la visión de la empresa; en segundo lugar sabe escuchar y preguntar, reconoce el talento y poder del otro, asegura la imaginación y crea compromiso de espacios y confianza y por último, organiza los procesos y sus equipos, hace seguimiento desde lo personal hasta los recursos, aprende continuamente y lo más importante disfruta, celebra y reconoce la participación de sus acompañantes.

 

La pregunta que queda es, es usted un buen o mal jefe?, es líder en sus tareas y gestión, tiene voluntad por aprender y promover la autogestión, permite la transformación con estrategias, inspira un propósito compartido y ayuda al personal a construir su confianza, su autoestima y desarrollar su compromiso y genera un clima para el éxito.

 

Mientras mejor persona seas, más difícil será detectar la maldad en los demás.”

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