HERMENEUTICA DE LA FE II

EL PAPEL DEL CREYENTE

 

Se ha dicho que el hombre es un ser religioso, y que en consecuencia esa misma religiosidad lo ha hecho susceptible de caer en problemas existenciales ante la vivencia de esa creencia, y es allí en donde el individuo se conoce a sí mismo.

 

El problema radica en que al momento de aparecer la cristiandad y convertirse en una corriente, que a la postre cogió más fuerza por su sentido filosófico, que por su misma estructura conciliar, el hombre nunca se imaginó que en todo el mundo tanta gente siguiera esa creencia y es allí precisamente en donde el mundo universal hace ver a Cristo como ese ser salvador, pero la cuestión es que el hombre se ha encargado de divinizar a Jesús, cuando este fue un humano común y corriente.

 

Sin embargo, se peca cuando se considera que la religión cristiana debe o está obligada a salvar al mundo, al hombre desde su parte económica hasta su propia fe, desde su idiosincrasia hasta su misma cultura, pero resulta que la iglesia debe estar al servicio de la humanidad pero no en lo económico, sino en lo psicológico, en el propio ser del individuo y estar presente en su que hacer como persona que hace parte de un conglomerado.

 

Lo que sucede es que la interpretación de las escrituras es una cuestión individual, sin embargo la iglesia se ha permitido globalizar la misma, es decir, tratar de imponer esa creencia, para decir que la verdad la tienen los evangelistas pues fueron señalados por Dios como los encargados de transmitir el conocimiento de Jesús, pero para muchos esto tiene sentido, si se tiene en cuenta que se juega con la fe del individuo, para otros es la manera como la iglesia maneja el conglomerado o para unos, el hecho de seguir a un Mesías que aún no viene.

 

Y es precisamente esa interpretación la que hace la diferencia entre los mismos hombres, es esa liberalidad que tenemos, que nos permite identificarnos con alguna corriente religiosa, llámese como se llame, pero que en el fondo tenemos al mismo Dios y al mismo Jesús, claro está que no debemos desconocer la posición global del hombre, entender cuál es su misión en este mundo y a qué vino, además de evaluar cuál ha sido su participación como ciudadano dentro del devenir del Estado y del Universo.

 

Sin embargo, el hombre desde tiempos inmemoriales ha tratado de modificar de alguna manera al mundo, su historia, pero se olvida que su origen es precisamente esa historia la cual no se puede reformar, solamente se tiene como un referente histórico para no caer en las situaciones que de alguna manera marcaron su existencia y es precisamente allí en donde el llamado de la religión se hace grande, si se tiene en cuenta que la pobreza no es solo económica sino mental, no es abandono sino pereza, es decir, es una falta de concepción acerca del fondo de las escrituras, de Jesús y su misión en la tierra.

 

El hombre entonces se ve compelido a transformar, no solo sus condiciones de vida sino revolucionar de forma tal, que le permitan engendrar nuevos conocimientos, nuevos estilos de vida, claro está sin olvidar su origen, sus valores y principios éticos y morales, pues no se concibe que si este es hacedor de un pensamiento, infrinja de alguna manera ese propio pensar.

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