RAZONES DE LA FE II

 

“Los hombres verdaderamente grandes no tratan de conseguir ninguna fama, dejan sus ideas al mundo, no pretenden nada para sí.» (18) SWAMI

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En todo proceso de raciocinio la mente juega un papel importante por aquello de la percepción sensorial inmediata y las experiencias acumuladas lo cual llevamos a lo largo de nuestra vida.  Esta función está ligada a lo manifestado por Santo Tomás: “si no lo veo no lo creo”, o como diría Aristóteles que la única manera de entender la existencia es a través de la lógica, claro que esto último ha sido criticado en muchas oportunidades.

 

El sujeto de razón de fe no es otro que el hombre dentro de su propia dimensión, pero para entender la fe debemos aclarar cuál es la percepción de la misma, y esta no es otra que el resultado de ese proceso de intelección que el individuo tiene capacidad para discernir, valga decir, usa su propia conciencia y su ética para darle explicación a este concepto.

 

Demasiado humano para algunos, demasiado racional para otros. Es aquí donde la duda hace su aparición, entendida esta como es complemento que nos lleva a preguntarnos cuál es la integridad de la realidad y a darle sentido a la esencialidad de la fe. El meollo de la cuestión parafraseando a Graham Greene es abolir la duda y lo que queda es la convicción desde el corazón, una búsqueda de la verdad inevitable e implícita que recae en la certeza de aquello que desde nuestro interior creemos.

 

Es una lucha constante, un continuo cuestionamiento acerca de lo que pensamos y lo que sabemos, una lucha entre los problemas y las ideas, entre la duda y la fe, razón y verdad, un cambio del mundo de forma radical, sin negativa a ceder o una lucha con la arrogancia de la mente.

 

La pregunta que surge, es porqué el hombre habla?, porqué sus principios éticos riñen con la verdad o como dicen por ahí “La Ética no sirve para nada”, en virtud a que esta va de la mano con la sociedad y sus principios, con el comportamiento moral del hombre y su incidencia en su entorno y es consustancial con el ser humano, pues no de otra manera se evaluaría a diario las razones de ser social, la actitud colectiva del individuo y como si fuera poco esto es lo que nos mantiene en la normalidad.

Todo lo anterior no tendría asidero si desde un principio no se hace ese proceso de raciocinio, ese juego de la intelección con la lógica y la razón, una búsqueda de fe dentro de la cosmología ética del ser humano, y concluir que los principios éticos no se acaban ante cualquier situación o fenómenos y mucho menos la fe, esa fuerza interior que nos despliega el carácter, el paso de la realidad hacia la verdad pues son dos conceptos totalmente distintos, es una búsqueda de la normalidad, entendida esta como la mejora de la eticidad no solo individual sino colectiva.

 

Se termina esta discusión con «ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no mantienen una actitud ética» y ¿creemos porque razonamos o razonamos porque creemos? 

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