ACERCA DE LA CONFIANZA

Buscando definiciones acerca de qué se entiende por confianza la más acercada a la realidad es la plantada por Adela Cortina: «La confianza es uno de nuestros más importantes recursos morales.En las manos De

Cuando se establece entre ciudadanos y políticos, empresarios y consumidores, personal sanitario y pacientes, las sociedades funcionan mejor también desde el punto de vista político y desde el económico. Y, por supuesto, en una sociedad impregnada de confianza es mucho más fácil que las gentes puedan desarrollar sus proyectos de vida feliz. La confianza es un recurso moral básico y la ética sirve, entre otras cosas, para promover conductas que generen confianza.»[1]

 

De otro lado, dentro de esa acepción vienen comprometidos otros vocablos como que se ha producido un descenso en la confianza, por otro lado se debe tener más confianza y por último hay que reconstruir la confianza.

 

El entendimiento de este vocablo se ha diluido a través de los años, de los sistemas, de la sociedad y de las culturas; no deja de ser un sofisma dentro del maremágnum del caos social en que nos encontramos, ya no creemos en nadie y muchas veces ni en nosotros mismos. La incertidumbre existencial nos está ganando la carrera, hace muchos años confiábamos en los políticos, en los periodista y hasta en los medios, hoy en día ya ni en estos se puede confiar, la manipulación de la información ha hecho meya en la credibilidad del conglomerado;  reconocíamos una justicia próvida sin macula, lo inmarcesible de sus administradores pero hoy se venden hasta por un plato de lentejas, la corrupción es rampante en todas las esferas, lo honesto dejó de ser justo y la injusticia reemplazó a la justicia.

 

Con solo mirar las encuestas nos damos cuenta que desde los dirigentes de hace años hasta los más recientes y actuales van y vienen, que el índice de popularidad está confundido con la confianza de los electores, se menea para un lado y para el otro, sube y baja candidatos, cambian sistemas de gobierno, de educación y de justicia, y nadie dice nada. Hemos dejado que la inercia siga pasando mientras el futuro se va construyendo con la desidia, con la falta de valor civil, con la falta de protesta o al menos no guardar silencio. Seguimos estando en le medio, en el medio de esas estadísticas, de las encuetas pues al hacer silencio manejan nuestro voto y apreciación.

 

Las actitudes generalizadas se reemplazan por las preguntas de los sondeos de radio y televisión, con ellos nos miden el grado de aceptación de aquellos en quienes confiamos, sean estos compañeros de trabajo, relaciones de familia, jefes de oficina o hasta en la de los tintos; buscamos poner la confianza de una manera diferenciada, en los funcionarios, en los políticos, personas de uniforme, en los maestros.  ¿Confía usted en los políticos? ¿Confía en los docentes?

 

Ahora bien, si alguien le pregunta: ¿Confías en alguien? ¿A quién confiarías tu vida? ¿Confías en la justicia?, cuál sería la respuesta: ¿Para hacer qué? Precisamente buscamos poner la confianza diferenciada desde la vida real  hasta la imaginaria, hacemos suposiciones a veces verdaderas o falsas, a qué nivel depositaríamos la misma, basta con leer la respuesta generalizada, se encuentra en este universo aquél en quien confiaríamos totalmente?, hasta que encontremos el buen juicio de colocación de la confianza seguiremos divagando por esta tierra, con la esperanza que cuando la confianza se recupere no sea demasiado tarde para el ser humano y la sociedad.

 

El juicio de verdad corresponde a: Son competentes ? ¿Son honestos ? ¿Son fiables ? Yo soy confiable?



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