EXISTE UN DIRECTOR DE FELICIDAD?

Vemos a diario como las empresas cambian sus estructuras, directores vienen, directores van, subdirectores bajan y otros suben, cargos aparecen y

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 desaparecen al antojo de los estructuralistas, mejorando según ellos la productividad, elevando las estadísticas, relativizando procesos y procedimientos, tendientes a lograr la consecución de los objetivos y metas.

Dentro de todo este ir y venir de ideas, de asaltos y resaltos observamos que hace falta un director de felicidad. Si bien es cierto la felicidad es un estado que no puede confundirse con el éxito, para Aristóteles un fin último; placer para unos, honores para otros, conocimiento intelectual para algunos. O qué entiendo yo por felicidad?

 ¿La felicidad es un estado momentáneo o se puede ser feliz todo el tiempo?

 Viene entonces el concepto de Director de Felicidad, esa persona o grupo de personas dedicadas a incentivar el logro de ciertas acciones, desde actividades  lúdicas o momentos buenos o malos.  Hay situaciones que nos aportan felicidad, y conocerlas mejora nuestra relación en conjunto.

 Sin embargo, la infelicidad nos está ganando la carrera, es un hecho real,  las personas se sienten más desmotivadas no solo desde el aspecto personal sino laboral, desde la incertidumbre hasta por lo nuevo, por aceptar un cambio dentro del entorno tan rígido en que nos movemos, la desesperanza se está apoderando de esa falta de fe, de la confianza en sus núcleos familiares, sociales que van por encima de sus propias necesidades.

 Hay que comenzar a ser feliz con uno mismo, cada persona debe buscar su propia felicidad, para ello la metodología nos lleva a ser consciente de nuestros valores, de las creencias y de los sueños, algunos llaman esto Mi Yo Futuro. Aprendemos a identificar nuestra realidad actual, entender lo que se quiere en la vida y realizar los cambios que mejoren dicho estado.

 No hay que buscar fórmulas nuevas o pociones mágicas, y mucho menos concejos enlatados para llegar a la conclusión que la felicidad se encuentra en la naturaleza, en nuestro entorno y en mi interior,

 La rueda de la vida nos indica el nivel de satisfacción, enfrentado al sentimiento de insatisfacción; el nivel de exigencia discernido entre lo mediocre y la calidad, también nos muestra el intentar alcanzar sueños mayores con responsabilidad en los límites sin imposición en el camino.

 La felicidad no tiene estándares (ser exitoso, tener muchos amigos, dinero, pareja etc), es la capacidad de transformar las preocupaciones en ocupaciones, trabajadas desde lo consciente, insertando objetivos tangibles hasta obtener el resultado que nos hace felices, desconociendo las frustraciones y las depresiones.

 Recordar que estamos vivos a cada segundo, que se deben cultivar las ilusiones, que compartimos nuestra sonrisa y damos gracias por todo aquello que se nos presenta, creer en nosotros mismos, además de guardar congruencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, además que estamos en continuo aprendizaje son situaciones que le permiten al individuo identificar su felicidad, protegerla y compartirla.

 El Director de felicidad es el propio ser humano, a veces necesitamos de un coaching que nos aterrice, nos dirija y nos brinde consejos, ese que enseña a ver en la admiración la herramienta para sostener el no equivocarnos y darnos permiso para entender que la vida hay que disfrutarla para asegurarnos de trascender nuestra existencia, de perdurar en el servicio solidario y compromiso con los demás.

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