HAY QUE LLEVAR LA CONTRARIA

“Combatan la extorsión moral de las mayorías. Resistan la tiranía de la opinión pública” (Alejandro Gaviria)

 

Cuántas veces nos hemos preguntado el por qué no comprendemos nuestros problemas, apoyados en la cultura y costumbres arraigadas desde el momento de la concepción, con bases religiosas, materiales y económicas que nada tienen que ver con el filosofar de la existencia.

 

Sin embargo, también nos preguntamos con mucha frecuencia los motivos por los cuales guardamos silencio, no protestamos frente a las iniquidades de la vida, guardamos un silencio cómplice al no revelarnos, permitimos el uso y el abuso frente a la audacia del inteligente, pues la ignorancia es la ligereza que hablanda la conciencia. Sin embargo, observamos esa gran multitud de la accidentalidad, que permanece en esa labor de pensar, ya muy lejana en estos momentos, se nos olvidó pensar y nos convertimos en convidados de piedra en ese mundo de hombres que no piensan. Pero también, nos convertimos lentamente en una sociedad de ignorantes, en donde los menos preparados, los más incompetentes y los mediocres son el modelo a seguir, algunos de estos ya ocupan altos cargos en la administración pública.

 

Pues ya no existen los hijos de Bolívar o los auténticos patriotas, en búsqueda de una sociedad con democracias distintas, en donde la libertad de expresión sea la bandera y elaborar nuestra propia concepción del mundo en donde las creencias y nuestro lenguaje hablen de manera coordinada sin presuposiciones que enfatizan el dis-valor de la ética y la moral.

 

Ahora bien, al decidir llevar la contraria encontramos que esto no es excesivo, pues “nadie se ha arrepentido de haber sido valiente”[1] y en consecuencia, debemos aprender a mar lo que somos y desprendernos de lo que quisiéramos ser, como también no  sucumbir a la ideología y sus trampas, antes por el contrario enfrentar aquello que nos perjudica y al mismo tiempo atacarla con soluciones, adaptadas estas a la necesidades del conglomerado, ya que tenemos soluciones individuales y no grupales por aquello del egoísmo existencial.

 

En algún momento de la vida nos arrepentiremos de haber guardado silencio, de no haber aportado ese granito de arena que será la tabla salvadora frente a las inequidades, al abuso de la meritocracia positiva o negativa, (Michael Young, 2001) o de no tener la varita mágica que explique  todos los acontecimientos, los grandes y los pequeños en palabras de Marx, para identificarnos con aquello de almacenar las experiencias y no con una fama que cuenta por un rato por aquello del tránsito efímero en este planeta.

 

Aquí encontramos la fuerza de la tolerancia como también de la diversidad de opiniones, y a pesar de ello, algunos ignorados son los que salvan el mundo, y en virtud de ello llevar la contraria es un modo de vida, una nueva forma de filosofía y de interpretar los antivalores y de conciencias a las personas de la necesidad de un cambio, aquél que libere y no oprima, en donde se generen palabras bellas y acogedoras sin la asfixia de la vergüenza social, del no entender por qué ser malo paga, convirtiéndose en orgullo para estos, en contravía de la racionalidad de la verdad y de lo honesto; ya no encontramos sustento a la felicidad, nos ganó la carrera de la tristeza, solo basta mirar a cualquier lugar del universo para sustentar ello.

[1]. Gaviria, Alejandro. Alguien tiene que llevar la contraria. Ariel. 2016.

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