FILOSOFÍA E INVESTIGACIÓN

¿POR QUÉ LA MUERTE DUELE TANTO?

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: enero 2, 2019

“El que no ama ya está muerto” (Schpoenhauer)

El ser humano es producto de sus vivencias y de cómo las interioriza. De ahí que “la vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada” en palabras de Soren Kierkegaard, padre del existencialismo actual, pues el hombre tiene esa dualidad vivir para morir, pero hay personajes que dejan demasiada huella para ser olvidados.

De ahí que la pérdida de una persona que reúne precisamente esas condiciones, ser amada, que deja huella y nunca es olvidada, duele tanto. Ello genera un inconformismo con el universo, con la vida misma y hasta con el creador si es que existe o cualquier otra deidad que necesita el hombre para fincar sus ilusiones, pero el individuo dentro de ese temor y temblor en el que está sustentada su existencia nace y renace todos los días, con la esperanza de no morir o que no lo dejen morir por aquello de las angustias pasadas, de su estado de ánimo actual o del solo pensar si será semilla, entendida esta, como esa eternidad en que nos convertimos después de la muerte.

Ahora bien, cómo evitar ese dolor dejado por la desaparición de un ser querido, según Kierkegaard la risa es el remedio infalible, empezando por reírse de aquello que no se puede cambiar y en efecto la muerte no se puede cambiar, ese es un ciclo que pone fin. La risa entonces, es ese vehículo que desdibuja esa realidad que duele, frente a la realidad que alegra, frente a esa realidad que no desaparece pero que con el solo hecho de reír hace que después de activarse más de doce músculos según los expertos, hasta el estado de ánimo cambie, haciendo olvidar así sea por instantes aquello que nos afecta; y es que con la risa aquella con carcajada incluida se mueven algo más de 400 músculos desde la cara, el diafragma y el estómago, lo cual produce una sensación de tranquilidad, y permite que el alma y sus anexidades promuevan un descanso generalizado.

Hay entonces una relación entre la muerte y la risa. Con la primera activamos una voluntad de tristeza, de derrota, de desfallecimiento, mientras que con la segunda, se hace todo lo contrario, desde la euforia, el desconectarnos de lo cotidiano hasta el liberar endorfinas hace que la risa sea ese remedio infalible para aliviar las tristezas del hombre. De ahí que al interpretar “un corazón alegre es como una medicina, pero un espíritu triste reseca los huesos” (Proverbios 17:22), hace que a pesar de ese dolor que se tiene y ese temor frente a lo que viene, el desarrollar el optimismo como gesto de vida, aunado a ello el poder de la autoestima y al mismo tiempo motivados y obligados por el universo mismo a cumplir con nuestras obligaciones diarias, pues lo cierto es que quien fallece va a otro plano (de acuerdo a sus creencias), mientras que el que queda en este mundo se enfrenta a otro plano, el continuar con su existencia, completar su proyecto de vida y reorganizarse de manera tal que a pesar de ese dolor lo convierta en fortaleza y construir un nuevo paradigma que lo sostenga mientras ese temor y ese temblor sigan su camino.

Razón tenía Soren Kierkegaard al analizar el pesimismo como fuente de vida, pues este era el que arraigaba el desarrollo del optimismo del ser humano, ya que el hombre frente a las adversidades de la vida debía afrontarlas para poder reírse de las experiencias que permiten madurar, y al mismo tiempo terminar diciendo que “no importa qué decisión tomes, te vas a arrepentir”, esto mostrando la inconformidad pues pase lo que pase, la vida, la existencia, la insatisfacción por el desaparecimiento de ese ser querido estará en su camino.

“La risa es la distancia más corta entre dos personas” (Victor Borge)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Comentarios recientes

    Comentarios recientes

      Comentarios recientes