LA CULTURA DE LA INNOVACION

El Diccionario de la RAE define innovar como “alterar cosas introduciendo novedades”, sin embargo, nos acostumbramos a no hacer nada, a vivir en la comodidad, es decir, ese espectador que ve cómo las cosas desaparecen y esto va desde la sociedad, la cultura, el medio ambiente, la familia y el lugar de trabajo y no hace nada, porque no nos interesan los resultados a la vista o las soluciones planteadas, son gotas de agua frente al caudal de problemas que se tienen sin analizar ni responder.

La innovación entonces en los términos arriba referidos deben ser parte de una reflexión realizada desde los planes estratégicos individuales y colectivos, y no de ese discurso mimetizado en los intereses personales, doblegando la voluntad de quien tiene el poder de decisión, para enfrascarse después en la búsqueda de soluciones por un lado temporales y después definitivas al reconocer el fracaso.

Ahora bien, hay que preguntarse si para innovar se requiere la presencia de expertos o la colaboración inmanente de personas proactivas, que tengan la experiencia suficiente sobre los fenómenos y situaciones, para no caer en la efímera construcción de una cultura de innovación. Al hablar de cultura hay que buscar los pilares que refuercen precisamente lo que se debe innovar, lo que se debe cambiar o mejorar, lo que se debe reemplazar o desechar, ahí radica la importancia de determinarse como un innovador, no solo en cuanto al término sino en lo referente a la tarea.

Hay que construir un futuro renovador a través del diálogo, el impulso, la creatividad y dirección al cambio constante, hacia una calidad que en definitiva convierta la necesidad del cambio en una oportunidad de mejora. Al erigir una cultura de innovación renacen los conceptos de compromiso, responsabilidad, disciplina y el más importante la convicción sobre lo que se está haciendo y hacia dónde se va, hacia una empresa o una familia, o una sociedad donde la influencia externa redunde en mejoras de lo interno, en el que prevalezca el valor del ser humano y sus propias habilidades, a veces desconocidas porque no sabemos nada del otro, lo conocemos como compañero de trabajo o miembro de la familia, pero no sabemos nada de su psique, de lo que lo motiva a vivir o en comportarse como algo dentro de ese grupo.

Innovar no es solo crear, ideologizar esto es algo más, que va más allá. Comprende una magnitud tal que doblegue el pensamiento, que ejecute, que recolecte hacia esa historiografía personal; también es vulnerable cuando lo que se pretende no se construye, no se edifica ni sostiene, en ese momento el innovar no tiene piso; se vuelve trascendente, cuando se enseña “aprender a desaprender”, a vivir de las experiencias no solo individuales sino colectivas; ello genera unos costos, empresariales, individuales pues como se dijo hay que alterar con novedades, pero también no desconocer los cimientos; y por último, refleja una celeridad en cuanto a la administración, a la conjunción entre la tarea y las políticas, para que al final del día podamos recuperar lo perdido y se genere un mejor ambiente de vida, se aclaren las dudas pero al mismo tiempo comprendamos que innovar recoger la individualidad del hombre.

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