¿QUÉ SE NECESITA PARA HACER UN CAMBIO?

«El futuro se construye hoy…y no se construye aisladamente, sino más bien en comunidad y en armonía.» (Papa Francisco)

Estamos en un mundo que apenas conocemos y con dificultad terminaremos de conocer.  Igualmente, las generaciones han evolucionado desde su forma de vestir, de sentir y de pensar, ya no son esos seres a veces anquilosados, otros ignorantes, sino que la postmodernidad permitió cambiar ese arraigo cultural y social.

Voces de urgencia hacia una nueva generación que transmite sabiduría y conocimiento (Novogratz J.), con una creciente sensación de terminar el trabajo iniciado de anteriores generaciones; de estar en las calles, de generar cambios sociales, raciales, económicos y políticos; una nueva cultura que evite las divisiones, mejore el cambio climático, complemente su vida y en especial entender lo que se quiere hacer.

 

¿Cuáles serían entonces, las soluciones técnicas para el problema universal que se presenta?, pues como se dijo anteriormente apenas conocemos nuestro mundo, en ese caso, apenas conocemos el coronavirus, escasamente cuál fue su origen pero no tenemos clara su solución, una vacuna que se pelean países y farmacéuticas con fines económicos y no sociales, con una seudo realidad proteccionista pero que de ello nada tiene; y en verdad como dijo Platón “un país cultiva lo que honra” y a ello nos atenemos, una sociedad incrédula, una sociedad irresponsable por no cuidarse o comprender el fenómeno que enfrentamos, una improvisación generalizada para hacerle frente no solo a este problema sino a los demás, narco guerrilla, y otros grupos al margen de la ley, pero en especial la no creencia en el gobierno y los políticos.

 

Consecuencia de todo lo comentado es la desobediencia fingida que cumplen los ciudadanos, los que se hacen los de la vista gorda frente a las disposiciones gubernamentales, unas veces auspiciadas por los mismos mandatarios y funcionarios con su ejemplo; pero lo que no entendemos es la necesidad del cambio que ha generado la pandemia y todos sus fenómenos, no basta hacerlo desde el país, el gobierno, el Estado si no desde nuestra propia integridad como ser humano, ahí es donde radica el comprender si ese concepto de integridad (Solorzano), es el que nos permite identificar si en efecto hacemos o no parte del conglomerado social. Basta ver las noticias y sus estadísticas, pero duele más ver la incomprensión de las personas de fiesta en fiesta, de reunión en reunión, de ingesta de licor, de reuniones que sobrepasan la cota mínima.

 

Requerimos entonces de una revolución moral a la que alude la conferencista Jacqueline Novogratz, amparados en que vemos al otro como iguales, ni más ni menos, sin idealismo ni victimización; de otra parte identificar los valores opuestos, en donde se reconozca la verdad parcial o total pero fundamentada en la confianza y en sostener la misma; igualmente el acompañamiento como elemento para recapacitar y capacitar al ser humano, en donde podamos caminar con el otro y propender por ayudar a solucionar el problema, para poder avanzar hacia la construcción de una nueva generación fortalecida en la ayuda profunda y colectiva, de la mano con los principios de sabiduría que hacen parte del ser humano.

 

Ahora bien, estamos enfrascados en un malestar no solo individual sino colectivo, por aquello de interpretar lo inservible o de vender la conciencia al mejor postor, ahí es donde juega supremacía el concepto de revolución moral planteado; vivimos sobre una nostalgia del cómo vivimos y cómo enfrentamos ahora las adversidades, pero entonces ese enfrentamiento  transmuta el holocausto humano, que altera la forma de cómo nos relacionamos  y sustituye esa relación de respeto, pero también nos obnubila la forma como admiramos al otro que muchas veces es fingida o aparente, por lo que adecuar los filtros sociales a esa nueva construcción de sociedad nos permite mejorar esa convicción de hacer de parte del grupo.

 

Se exige en consecuencia una libertad desde el virtuosismo, del comprender el miedo a la exclusión y evitar aquello que nos esclaviza, para empezar a relacionarnos con el otro, de creer en esa libertad desde la psique, pero amparados en el virtuosismo, en esa integridad a la que aludía Santo Tomás, como elemento integrante del hombre con su propia espiritualidad, de ahí entonces que el cambio es necesario, pero hacerlo sin miedo y sin temor, de hacerlo invisible que no se pueda palpar, pero que domine la vida y decir: ¡Atrévete a ser libre!.

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