MÁS ALLÁ DE LAS ATRACCIONES: LA ESCUELA COMO ESPACIO DE PENSAMIENTO Y CONSTRUCCIÓN SOCIAL.

"FILOSOFÍA, PEDAGOGIA E INVESTIGACIÓN" Diego M. Zuluaga o. Lic. Filosofía y Letras USTA

   «Si a la primera dificultad acudimos a una herramienta que resuelve rápido con una respuesta válida, reducimos el tiempo que necesitamos para pensar y el esfuerzo que muchas veces da lugar a ideas nuevas.» (César Bona García)

  1. LA ESCUELA COMO ESPACIO PARA PENSAR

La escuela de las atracciones propone un modelo de escuela basado en el esfuerzo, el estudio y la excelencia, pensamiento que es desarrollado por Gregorio Luri, un filósofo preocupado por la educación y sus procesos cognitivos[1]. La pregunta que surge es ¿si todas las teorías e innovaciones educativas han contribuido a mejorar la formación de los alumnos? O tal vez, si esos modelos han construido a las personas que necesita la sociedad actual o si la influencia de esta en años anteriores ha hecho un ser diferente dentro de la democracia de los últimos años, como también preguntarnos qué conocimientos construye, qué capacidades desarrolla y qué posibilidades ofrece a las personas para comprender y transformar su realidad.

La atracción, en este sentido, no es entretenimiento ni satisfacción inmediata. Es la fuerza que despierta el deseo de conocer, la disposición a preguntar y la voluntad de superar los límites de lo que sabemos. La escuela es, entonces, una experiencia humana y social: el lugar simbólico donde la ignorancia se encuentra con el conocimiento y donde el conocimiento, al ser interrogado, puede convertirse en conciencia.

  1. LA TENSIÓN ENTRE MEMORIA, CONOCIMIENTO Y PENSAMIENTO CRÍTICO

Aparece entonces la paradoja de presentar el beneficio de la duda como respuesta o que las críticas que se han hecho son tan contundentes que se hace necesario un cambio de comunidad; cuáles son esas maravillas que cuentan como experiencia o si el pensamiento a la antigua dejó conciencia memorística, esto es, el lugar donde se guardaba lo aprendido o ¿cuál era el lugar alternativo a la memoria en el que se podía acumular?, para algunos este lugar no existe, para otros en algún lugar del cerebro (la neocorteza), en ese almacén definitivo donde se guardan a largo plazo los recuerdos generales y el conocimiento acumulado. En últimas la memoria no representa necesariamente una educación mecánica, ni el pensamiento crítico surge por el simple hecho de rechazar la memorización. Aquí aparece entonces la defensa de lo obvio a la que alude Gregorio Luri, es decir la medida de la madurez intelectual que aparece con la transparencia expositiva, después de una exhaustiva información y la reflexión profunda que se hace a cada una de las experiencias.

¿De qué sirve acumular conocimientos si no aprendemos a utilizarlos para comprender al otro, cuestionar la injusticia y asumir responsablemente nuestras decisiones? Esta pregunta permite superar la oposición entre una escuela tradicional centrada en la memoria y una escuela innovadora centrada exclusivamente en la experiencia. O mejor, el desafío consiste en formar personas capaces de recordar sin convertirse en repetidoras, cuestionar sin caer en la negación sistemática y crear sin renunciar al rigor.

  1. EL SER HUMANO COMO CENTRO DE LA EDUCACIÓN

“Entre el cuerpo que habitamos y la conciencia que nos permite pensar, existe un misterio que atraviesa toda la filosofía” en palabras de Béatrice Longuenesse filosofa francesa[2], al preguntarnos a través de ese ser que habla, decide y reconoce sus propios pensamientos, qué es lo que le permite explorar esa relación entre identidad, autoconciencia y responsabilidad para determinar esa capacidad de reconocernos en el mundo como agentes capaces de comprenderse a sí mismos.  Resulta importante resaltar que es la pasión la que lleva al conocimiento poderoso, siendo este el método eficaz para manejar inteligentemente la carga cognitiva para entrenar lo que se ha llamado “la atención explícita”, pues no de otra manera se explica esa evolución  del cociente intelectual, es decir, “para provocar la chispa hay que haber estado concentrado y, para aprovecharla, hay que volver a concentrarse” tal como asevera Enrique García cuando critica a Gregorio Luri, ante la aseveración de este que hay que hacer una crítica constructiva al pensamiento crítico, ante lo que se llama ese saber riguroso que no deja participación a la crítica, y lo contrario es todo lo que produce inquietud intelectual.[3] La conexión entre ambos pensadores puede formularse de la siguiente manera: Luri permite pensar las condiciones del conocimiento; Longuenesse abre la reflexión sobre el sujeto que se reconoce como ser consciente; lo que lo hace avanzar hacia la responsabilidad de ese sujeto frente al mundo que habita.

  1. CONOCIMIENTO, AUTONOMÍA Y EMANCIPACIÓN POLÍTICA

Volvemos al concepto de escuela de atracciones, esto es, ese propósito primordial de reducir la distancia entre la ignorancia y el conocimiento; cuestionar los modelos sociales políticos, democráticos y pedagógicos como autoexpresión, para poder “aprender a aprender” bien desde la escuela y la sociedad, desde las herramientas políticas hasta la evolución social; aquí ese conocimiento objetivo adelanta la autonomía generando objetivos precisos para obtener más recursos de emancipación; esas reformas grandilocuentes de las ideas de gobierno y de cambio de gestiones de acuerdo al gobernante de turno, hacen que esa cotidianidad cuestione la transparencia del hombre frente todo aquello que lo incómoda y lo hace pronunciarse frente a las circunstancias que no tienen explicación útil.[4] Desde este punto de vista, la escuela de las atracciones no impone una conciencia predeterminada. Crea las condiciones para que la conciencia se forme, se cuestione y evolucione a través del encuentro con el conocimiento y con los otros.

Allí donde el conocimiento deja de ser una posesión individual y se convierte en una herramienta para comprender la vida común, la escuela trasciende sus límites institucionales. Se transforma en experiencia humana, en conciencia democrática y en una posibilidad de emancipación. Porque el desafío no consiste solamente en saber más sobre el mundo que habitamos, sino en comprender qué hacemos con ese conocimiento, qué sociedad contribuimos a reproducir y qué ser humano podemos llegar a ser al asumir la responsabilidad de transformarla.

[1]. Gregorio Luri, La escuela no es un parque de atracciones: Una defensa del conocimiento poderoso (Barcelona: Ariel, 2020).

[2]. Béatrice Longuenesse, “Autoconciencia y conciencia del propio cuerpo”, Temas Filosóficos.

[3]. Paulo Freire, Pedagogía del oprimido. Para desarrollar la relación entre conciencia crítica, diálogo y transformación de la realidad social.

[4] Jürgen Habermas, Facticidad y validez: Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Para profundizar en la relación entre deliberación, participación y legitimidad democrática.

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