La partida física de Edgar Morin no representa el fin de un sistema de ideas, sino la dispersión de una «ceniza indócil» que nos obliga a regenerar nuestro pensamiento de manera constante. Su obra no es un testamento cerrado, sino una invitación a una metamorfosis intelectual necesaria para habitar un mundo que se niega a ser simplificado. Para el hombre contemporáneo y, especialmente, para el ámbito educativo, el pensamiento complejo de Morin se erige como la brújula indispensable para navegar en nuestra «Tierra-Patria».
ONTOLOGÍA DEL DESENCUENTRO: PROVOCACIÓN, DECEPCIÓN Y LA CRISIS DE LA EXPECTATIVA
Por: Diego Mario Zuluaga Osorio El transcurrir de la existencia contemporánea se halla constantemente asediado por dos fenómenos que, aunque de naturaleza opuesta, convergen en la desestabilización del sujeto: la provocación y la decepción. Vivimos en la era de la reactividad inmediata; un comentario en redes sociales enciende una cólera desproporcionada, o la súbita … Leer más





