“Ninguna paz verdadera ha nacido en el mundo que no haya sido engendrada primero en el vientre de una crisis.”
Este artículo nació el 30 de enero de 2003, cuando era estudiante de la Licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás, y vio la luz en la columna del Colegio de Abogados Penalistas de Risaralda, en la que por entonces colaboraba con algunos escritos. Dije allí que en Colombia se había instalado una Cultura de la Guerra; que la impunidad era el crimen perfecto que se ritualizaba en la conciencia del hombre; que los medios tenían una capacidad seductora, atraían, pero devoraban; que vivíamos en una democracia de la violación de los derechos humanos. El tiempo, que es el más severo de los correctores, no ha desmentido aquellas líneas: las ha confirmado.




