Lo erótico no es simplemente sexualidad. Octavio Paz lo definía como “la poesía del cuerpo”, un espacio donde el deseo se convierte en lenguaje y el encuentro con el otro se transforma en creación simbólica. En La llama doble escribió: “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor.
Georges Bataille, en El erotismo, lo entendía como transgresión: “El erotismo está en la aprobación de la vida hasta en la muerte.” Para él, lo erótico es exceso, ruptura de límites, confrontación con la vulnerabilidad.
Hoy, en una sociedad marcada por la incertidumbre y la aceleración, lo erótico parece estar en decadencia. No porque haya desaparecido, sino porque ha sido reducido a simulacro: cuerpos convertidos en mercancía, deseos administrados por algoritmos y vínculos medidos en clics. El misterio, la espera y la imaginación —elementos esenciales de lo erótico— se diluyen en la lógica de la inmediatez.
LA IMPORTANCIA DE LO ERÓTICO EN LA SOCIEDAD ACTUAL:
En tiempos de incertidumbre, lo erótico cumple una función de resistencia cultural. Mientras la sociedad exige productividad, control y transparencia, lo erótico nos invita a la vulnerabilidad, al juego y a la opacidad. Octavio Paz advertía: “La modernidad ha convertido el erotismo en pornografía.”
Recuperar lo erótico implica rescatar la capacidad de sorprendernos, de habitar el tiempo lento, de darle valor al gesto y al silencio. En un mundo que busca certezas, lo erótico nos recuerda que el deseo es celebración de lo incierto.
De otra parte, encontramos que el pensador coreano Byung Chul Han en su libro La Agonía del Eros identifica como uno de los males de esta época hipermoderna esa transgresión de lo erótico, donde se presenta con frecuencia depresión, narcisismo, sentimientos de culpa, trastorno de ansiedad y demás secuelas sociales, síntomas que muestran como “La diferencia es una positividad, en contraposición a la alteridad. Hoy la negatividad desaparece por todas partes. Todo es aplanado para convertirse en objeto de consumo”. (Han, 2014, p.1), de ahí que aparezca esa problemática del “infierno de lo igual” y en consecuencia va camino a la destrucción del otro, negando el acceso a todas las vías de la alteridad.
LA AUSENCIA DE LO ERÓTICO Y SUS EFECTOS EN LA RELACIÓN HUMANA
La decadencia de lo erótico ha transformado la manera en que nos relacionamos. El otro ya no aparece como universo por descubrir, sino como perfil por consumir.
CONSECUENCIAS PRINCIPALES:
- Empobrecimiento emocional: vínculos funcionales, sin complicidad ni imaginación.
- Despersonalización del deseo: lo íntimo se sustituye por lo público, lo singular por lo repetitivo.
Bataille lo expresó con crudeza: “El verdadero amor comienza allí donde no se espera nada a cambio.”
Al perder esa dimensión, las relaciones humanas se vuelven más frágiles y superficiales, incapaces de sostener la incertidumbre que define nuestra época.
CONCLUSIÓN
La decadencia de lo erótico en esta sociedad de incertidumbre no es un fenómeno marginal: es un síntoma de cómo hemos perdido la capacidad de relacionarnos desde la imaginación y la vulnerabilidad.
Recuperar lo erótico implica resistir la lógica de la inmediatez y volver a darle valor al misterio, al gesto y al tiempo compartido.
En un mundo que nos exige certezas, lo erótico nos recuerda que el deseo es, precisamente, la celebración de lo incierto. Y quizás allí, en esa celebración, se encuentre la posibilidad de reinventar nuestras formas de estar juntos.
¿Estamos dispuestos a recuperar el misterio del deseo en una época que lo reduce todo a consumo inmediato?