Cómo estamos captando nuestra realidad sería un interrogante interesante de dilucidar, sino fuera por que primero las realidades locales, nacionales y globales están en continua transformación. Pero entonces a partir de ahí nace un término que está cogiendo fuerza entre los pensadores y las gentes del común y este es “la filosofía de la sospecha” de la que habló inicial Paul Ricoeur, esto es, “cuando el pensamiento deja de confiar en lo evidente” y a partir de este se pone en duda al ser humano como dueño de sí mismo y de su conciencia. Se inaugura entonces una nueva manera de entender la verdad, el sujeto y la realidad.
Parece ser que la lectura nos introduce en un mundo especial, desconocido y único (A. García B), aquél que dirigido al interior del que no puede verse ni oírse y mucho menos interpretar el silencio que transmite. Como consecuencia estamos viviendo tiempos cada vez más violentos y autoritarios, pues el modelo disciplinario se está licuando, donde se transforman los mecanismos de control desde los territorios y en las redes sociales. Esto hace que los estilos de vida personales y colectivos cambian a raíz de los mapas 0conceptuales que se usaban para pensar y que en este momento ya no son útiles. Entonces sí “el sujeto no se pertenece” cuál sería su representación ya que «todo lo sólido se desvanece en el aire” (De los Santos), una sentencia inquietante que va cogiendo vigencia.
En nuestros días el juicio se vuelve intención; el tono en un sentido sin sentido y lo originario queda en la sospecha del lugar de origen; donde lo sagrado es profanado y nos vemos forzados a considerar nuestras condiciones de existencia de manera seria; donde lo que parece no es lo que procede; lo positivo solamente induce a la revolución y la aniquilación precede al caos; quedando un «sólido», inmutable, incuestionable.
Interpretando a Bauman desde su concepto de la “fluidez” existe un diagnóstico donde no hay esperanza, y mucho menos se pueden constatar las expectativas, todo como consecuencia de la falta de firmeza en ese suelo que se encuentra antes de la caída al abismo que trastoca el sentido de observación, la atención y lo que capta la vista. Queda en peligro entonces la conciencia del individuo y su autonomía con los cuales sustentar lo diáfano y lo incuestionable del fundamentar las relaciones de nosotros mismos y el mundo.
«Sospechar» es querer mirar lo que hay debajo (Jorge de los Santos) y que fue producto del pensamiento Descartiano, quien con su método científico dio inicio a la modernidad y sometió el pensar en una nueva dinámica desde lo social con toda su duda metódica. Ese estado en el fondo es el que nos llevar a dudar de lo que se piensa y a veces se hace en donde en algunas ocasiones afecta nuestra conciencia; lo que se discute es el principio del ser humano a través de la razón y la búsqueda del fundamento sólido que no deja que nos desvanezcamos en el aire.
Nos construimos y deconstruimos por la influencia de las fuerzas externas y el dominio de la ideología, como una especie de «velo», de gafas que generan la realidad al enmascararla: una especie de trampa de la que hay que emanciparse en las palabras de Zizek, las que generan una falsa conciencia, pero al mismo tiempo suministran una nueva conveniencia frente a la realidad que supera el engaño existencial.
Los pensadores como Nietzsche con su sospecha de la moral; Karl Marx con la sospecha de la ideología y la economía; y Sigmund Freud con la sospecha de la conciencia sentaron desde esa época las bases para que el concepto de la filosofía de la sospecha cogiera fuerza a través de la historia, el tiempo y sus fenómenos, buscando con ello llevar al ser humano a ir más allá de lo evidente y como era lógico desconfiar de la falsa conciencia tendientes revelar los verdaderos mecanismos que mueven al sujeto. Tratando de ir un poco más allá acerca de lo planteado anteriormente se contempla que desde lo económico se determina la conciencia como reflejo de las relaciones de poder; de otro lado los resentimientos contra la vida desde lo religioso hasta lo político/social; por otro lado, los pulsos inconscientes van relegando el pensamiento a la construcción de su propia casa de acuerdo a lo que demuestra su dueño.
Hay que desmitificar las creencias culturales y la propia identidad del sujeto para que desde la hermenéutica (interpretación) se llegue a esa transformación a la que se refirió Carlos Marx, en cuanto a “que interpretar de diversos modos el mundo” es una actividad única y exclusivamente relegada al hombre, pues este es el encargado de cambiar de rumbo y concebir como herramienta imprescindible la transformación de la sociedad y perfeccionado su horizonte para incorporarse a la ciudadanía, a la democracia y a la política global que estamos llevando.
«Todos lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas» (C. Marx)