CÓMO VOLVER A CREER CUANDO LA VISIÓN DEL HOMBRE ESTÁ CAMBIANDO

 Una reflexión desde el existencialismo y el pensamiento                                                                                       social contemporáneo colombiano

1. EL CANSANCIO DE NO CREER: ENTRE LA INCERTIDUMBRE Y EL DESEO DE SENTIDO

“Creer o no creer”. La frase parece sencilla, casi binaria, pero la experiencia humana demuestra lo contrario: creer no es una decisión mecánica, ni un acto que pueda activarse a voluntad. Más bien, es una vivencia que emerge —o se desvanece— en la tensión entre lo que somos, lo que sentimos y el mundo que habitamos.

El filósofo Søren Kierkegaard defendía la fe como un salto, una decisión profundamente subjetiva. Sin embargo, la experiencia contemporánea parece resistirse a esta idea: hoy, en medio de la hiperconectividad y la sobreinformación, no siempre podemos “decidir creer”. A veces, simplemente no logramos sentirnos vinculados a nada.

En contraste, Friedrich Nietzsche advertía que las convicciones pueden convertirse en formas sofisticadas de autoengaño. Esta tensión —entre la necesidad de creer y la sospecha hacia toda certeza— define buena parte del malestar contemporáneo.

Vivimos rodeados de información, pero paradójicamente carecemos de espacios para pensar. Sabemos más, pero comprendemos menos. Estamos conectados, pero no necesariamente vinculados. Y en ese vacío aparece una sensación persistente: la de no estar sostenidos por ninguna “cuerda” que nos ate al mundo.

Creer, entonces, ya no es simplemente adherirse a una idea o a una fe tradicional. Es, más bien, encontrar una forma de habitar la incertidumbre sin ser devorados por ella.

2. LA CRISIS DEL SUJETO CONTEMPORÁNEO: FRUSTRACIÓN, INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y FELICIDAD

Las preguntas que emergen en este contexto no son superficiales, sino profundamente existenciales:

  • ¿Por qué vivimos frustrados?
  • ¿Qué está cambiando con la inteligencia artificial?
  • ¿Qué significa hoy ser feliz?

Estas preguntas reflejan una transformación radical en la manera en que entendemos al ser humano. Ya no somos únicamente sujetos racionales o sociales; somos también sujetos digitales, fragmentados, atravesados por múltiples narrativas simultáneas.

El filósofo colombiano Estanislao Zuleta advertía que el ser humano tiende a evitar el pensamiento crítico porque implica incomodidad. En su célebre reflexión sobre la dificultad de pensar, señalaba que preferimos las certezas simples antes que enfrentarnos a la complejidad del mundo.

Hoy, esa dificultad se ha intensificado. La inteligencia artificial no solo transforma el trabajo o la economía; redefine nuestra relación con el conocimiento, la creatividad y la identidad. Ya no somos los únicos productores de sentido. Y eso genera, inevitablemente, una crisis.

Por su parte, William Ospina ha insistido en que la modernidad ha producido un ser humano desconectado de la naturaleza, de la historia y de sí mismo. En esa desconexión radica gran parte de nuestra frustración: buscamos felicidad en sistemas que no están diseñados para el bienestar humano, sino para la eficiencia y el consumo.

Así, la pregunta por la felicidad se vuelve más compleja. Ya no basta con el éxito material ni con la estabilidad emocional. La felicidad contemporánea exige sentido, coherencia y pertenencia. Pero esos elementos no se encuentran fácilmente en un mundo acelerado y cambiante.

3. EL EXISTENCIALISMO COMO BRÚJULA: HACIA UNA NUEVA COMPRENSIÓN DEL SER

Frente a este panorama, el existencialismo ofrece herramientas valiosas para reinterpretar nuestra experiencia. No como una doctrina cerrada, sino como una actitud frente a la vida.

Desde esta perspectiva, el ser humano no tiene un sentido predeterminado; debe construirlo. Esta idea, aunque puede resultar angustiante, también es profundamente liberadora. Nos invita a asumir la responsabilidad de nuestra existencia.

En el contexto colombiano, Fernando González Ochoa desarrolló una filosofía centrada en la autenticidad y la introspección. Para él, el mayor desafío del ser humano es dejar de vivir según las expectativas externas y comenzar a escucharse a sí mismo.

Esta propuesta resuena con las nuevas tendencias del pensamiento social, que enfatizan la importancia de la subjetividad, la diversidad y la construcción colectiva del sentido. Ya no se trata de encontrar una verdad única, sino de crear espacios donde múltiples verdades puedan dialogar.

Asimismo, Orlando Fals Borda introdujo la idea de una ciencia comprometida con la transformación social. Su enfoque participativo sugiere que el conocimiento no debe imponerse desde arriba, sino construirse con las comunidades. Esta visión redefine la manera en que entendemos el pensamiento: no como un ejercicio individual, sino como una práctica colectiva.

4. VOLVER A CREER: NO COMO CERTEZA, SINO COMO ACTO CREATIVO

Si la visión del hombre está cambiando, entonces también debe cambiar nuestra manera de creer.

Volver a creer no significa recuperar antiguas certezas ni aferrarse a dogmas. Significa, más bien, reinventar la fe como un acto creativo. Creer en medio de la incertidumbre, no a pesar de ella.

Esto implica varias transformaciones:

  1. De la certeza a la búsqueda

Creer ya no es tener todas las respuestas, sino atreverse a formular nuevas preguntas.

  1. Del individuo aislado a la construcción colectiva

El sentido no se encuentra en soledad, sino en el encuentro con otros.

  1. De la pasividad a la creación

No somos receptores de significado; somos creadores de él.

En este sentido, hacer de la vida una “obra de arte” —como sugería Nietzsche— adquiere un nuevo significado. No se trata de estetizar la existencia, sino de asumirla como un proceso de creación constante, donde cada decisión contribuye a definir quiénes somos.

5. NUEVAS TENDENCIAS DEL PENSAMIENTO SOCIAL: HACIA UNA ÉTICA DEL SENTIDO

El pensamiento social contemporáneo apunta hacia una reconfiguración profunda de nuestras categorías tradicionales. Algunas de las tendencias más relevantes incluyen:

  • La centralidad del cuidado: reconocer la vulnerabilidad como parte esencial de lo humano.
  • La inteligencia colectiva: valorar el conocimiento construido en comunidad.
  • La conciencia ecológica: entender que el ser humano no está separado de la naturaleza.
  • La ética del sentido: priorizar la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Estas tendencias no eliminan la incertidumbre, pero ofrecen herramientas para habitarla de manera más consciente.

6. CONCLUSIÓN: CREER COMO FORMA DE RESISTENCIA

En un mundo donde todo cambia —la tecnología, las relaciones, las identidades—, creer se convierte en un acto de resistencia.

No resistencia en el sentido de negarse al cambio, sino en el de sostener la búsqueda de sentido en medio de la transformación. Creer es, en última instancia, una forma de afirmar la vida.

Quizás no podamos decidir creer de la manera en que quisiéramos. Pero sí podemos crear las condiciones para que la fe —en nosotros, en los otros, en el mundo— tenga espacio para surgir.

Y tal vez ahí radique la clave: no en encontrar respuestas definitivas, sino en aprender a vivir con preguntas profundas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Søren Kierkegaard. Temor y temblor.
  • Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal.
  • Estanislao Zuleta. Elogio de la dificultad.
  • William Ospina. ¿Dónde está la franja amarilla?
  • Fernando González Ochoa. Viaje a pie.
  • Orlando Fals Borda. La investigación-acción participativa.