Archivo de etiquetas| desconfianza

¡CÓMO RECONSTRUIR LA POLITICA EN UNA COLOMBIA CONVULSIONADA?

   “La conversación política gira en falso. Entre el hartazgo digital y la sospecha generalizada, ¿cómo recuperar la confianza política, la capacidad de imaginar futuros deseables?» (Melina Alexia Varnavoglou)

 

La experiencia nos ha enseñado que los pensadores se exploran para analizar las ideas e igualmente para buscar formas de transformarlas. para convertir la política en una acción consciente y comprometida. Se ha demostrado también que la política se ha convertido en una violencia, miedo y hartazgo con el fin de recomponer ese espacio público alucinante y que ha ilusionado la capacidad de partir el contexto de ese horizonte de la política contemporánea.

La política se ha democratizado a través del internet y la protesta con la era digital, se ha conocido con límites entre la protesta y la violencia para diseñar esos nuevos elementos que reconfiguren ese pensamiento. Hay una sensación de conversaciones políticas tendientes a clarificar la situación de cada uno de los participantes no solo en contiendas electorales sino mandando el grupo de seguidores que todavía creen en sus promesas incumplidas algunas, inventadas otras o tal vez manejadas insanamente.

Lo insólito es que no hemos visto intelectuales, periodistas o consultores buscando un camino para aclarar aquello en lo que creemos, a pesar de los cálculos, entrevistas o repetir esas ideas que construyen verdad después de una gran cantidad de mentiras; las dinámicas electorales conducen lentamente hacia un sesgo de la confirmación para aquellos que piensan diferente.

Una lucha entre las izquierdas de todo tipo y las derechas de igual tensión, estimulándose mutuamente para contribuir a esa desconexión cada vez más distorsionada hacia un discurso en el que el pensamiento y la acción política lleven un nuevo factor de coherencia, mientras tanto esa falta de coherencia nos determina a explicar esos ascensos que cada uno quieren dentro de la dinámica para agregar descontentos tendientes a eliminarse mutuamente en ese andamio de posibilidades.

“A veces lo olvidamos, pero la política es la condición de posibilidad del futuro. Y la política es, primordialmente, una conversación” (M. Varnavoglou), en este imaginario social en donde la política es de diferencias intelectuales, quienes no escriben metafóricamente sino a través de las redes sociales, las cuales se convirtieron en el papel dejado de utilizar por aquello de la tecnología estructurándose a partir de ese momento la política contemporánea. Aquella que mediante la dialéctica que humilla pavorosamente al sistema opresivo, mostrado como la panacea de un sistema económico que soluciona los problemas de una parte de la población, pues aumentando el valor de algunos productos para después bajarlos en búsqueda de adeptos que lo perpetúen en el poder, una jugada maestra dentro de la economía capitalista disfrazada de un seudo-socialismo que cada vez va en caída, demostrando con ello que todos los sistemas de idea socialista ya no cuadran dentro de este nuevo sistema de gobierno y globalización.

Nos encontramos en el posmodernismo o a la posverdad al cual hacía alusión Hegel en su obra La Fenomenología del Espíritu; al referirse a esa complejidad oscura que hay entre gobernantes y gobernados y de otro lado llegando hacia un margen de acción llena de venganza y de resentimientos, que no encajan dentro de los parámetros de lo honesto, lo justo y de la libertad.  Y es que esa fatiga, ese cansancio por aquello de la repetición y esa sensación de conversaciones que resisten ese límite de una oportunidad de reflexión reducidas por etiquetas que inhabilitan esos afectos políticos o sentimientos nacionalistas llamados a ser valorados.

Andamos dentro de una cultura digital que favorece por un lado la confianza y por el otro la desconfianza, la manera como se escribe la política actual (los discursos ya no se hacen de forma presencial ni televisiva para eso están las redes sociales), como si a los políticos se les hubiera olvidado que la primer forma de hacer política fue oral, recorriendo las calles, convenciendo al electorado y en otras oportunidades las calles eran inundadas de la propaganda política, apareciendo allí la competencia y la insatisfacción que implementaba eso de lo ético, lo irónico y hasta del humor, pues a veces era necesario burlarse de todo sin compromisos.

Por último, la influencia del internet en la política actual ya no es un tema parte, antes por el contrario cogió tal fuerza que se hace necesaria como herramienta, pero entonces cabe preguntarnos de qué manera se captan o liberan los métodos de acción política, valga decir, el internet tiene las suficientes potencialidades para que por medio de este artilugio se decida la suerte de un país, del resultado económico de propuestas ilógicas o en un sentido peyorativo, en efecto estamos democratizando  la política, el conocimiento y la información.