EL VALOR DE LA VIDA FRENTE A LA RESPONSABILIDAD Y LA COHERENCIA

     «Para saber lo que vale nuestra vida, no está de más                                                                                               arriesgarla de vez en cuando» (Jean-Paul Sartre, filósofo                                                                                     francés)

Cómo salir de la comodidad si somos dominados por la zona de confort a la que nos hemos acostumbrado, y al hacer lo contrario entenderíamos cuál es el valor de la vida por un lado y por el otro, si la vivimos con responsabilidad y coherencia. El pensador Sartre “sugiere que la vida adquiere significado cuando dejamos de vivir en automático y nos exponemos, aunque sea de manera controlada, a la incertidumbre”; de ahí que lo que arriesgamos es atrevernos a salir de esa comodidad sin poner en peligro lo esencial y aplicar esto a un mejor sentido y autenticidad.

 

Ser responsable es decir lo que pensamos, esas ideas lógicas que pueden generar incomodidad; guardar silencio significa privarse de esa libertad del hombre como condición humana fundamental; viviremos con coherencia fortaleciendo nuestras relaciones es una opción de mejora.

 

Hay decisiones que no ofrecen certeza, y sin embargo en ese momento de elección es cuando se descubre el verdadero valor de vida, y al guardar silencio o ser pasivos estamos arriesgando la existencia ya que el aprendizaje surge precisamente de lo inesperado.

 

Qué tanto existimos en modo rutina olvidando actividades desconocidas y al mismo tiempo seguir arriesgando sin caer en la temeridad. Dejamos pasar la existencia sin conocer lugares cercanos, asequibles económicamente o olvidamos habilidades adquiridas o tal vez descubrir nuevas cosas personales. Y es que la riqueza de la vida es por lo vivido, lo experimentado, pero también lo compartido sin repeticiones descuidadas.

 

El crecer también es arriesgar, es generar incomodidad frente a lo desconocido, ahí se presentan elementos tales como el miedo, la duda, la inseguridad y se insinúan esas señales que nos muestran la salida de la zona de confort, el reconocer los malos hábitos, lo incrédulo nos a una vida más consciente y significativa.

 

Para Sartre, la libertad no era un privilegio abstracto, sino una carga que exige responsabilidad. Somos igualmente responsables de nuestras elecciones y sus consecuencias en vivir con responsabilidad es, en última instancia, valorar nuestra vida.

 

Razón tenía Sigmund Freud cuando expresó: “las emociones no expresadas nunca mueren”, estas se alejan en la psique profunda del hombre, activando su YO que maneja precisamente la responsabilidad y la coherencia, eso que es inevitable y que ayuda a reprimir las incomodidades y por eso toda emoción contiene un mensaje, ese que nos hace vulnerables y al mismo tiempo nos llama a enfrentar la subsistencia.

 

Ahora bien, se podría ser que el riesgo es una forma de ser auténtico o antes por el contrario una imprudencia frente a las calculadas elecciones que muestran lo que realmente somos, o tal vez buscando un sentido más profundo o continuar arriesgando por lo que decidimos creer.

 

Se presentan entonces dos ideas sino disimiles si contestatarias, esto es, para empezar el valor de la vida como responsabilidad, que como ya se dijo dependen precisamente de eso que llevamos dentro y necesitamos ejercitarla para asumir las riendas de nuestros propios actos; además tener la capacidad de responder por las consecuencias de las acciones; o al asumir esa responsabilidad es el mayor acto de amor propio y madurez emocional sin degenerar en la victimización.

 

En cambio, se muestra la coherencia como brújula ética pues permite la alineación del interior con el exterior (lógica re lo que se piensa, se dice y se hace); implica además actuar frente a los valores elegidos y tener la seguridad de defenderlos a toda costa con confianza y solidez; queda entonces el dilema frente al respeto de los principios fundamentales del individuo. Conlleva todo esto esa sinergia de la coherencia personal que incrementa la posibilidad de las metas y ayuda a una vida auténtica sin caer en la falta de coherencia que lleva a la desconfianza y debilidad de por sí la integridad personal con ese cargo del impacto de nuestra existencia y en la sociedad.

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