CRISIS, INDIFERENCIA E INCERTIDUMBRE

La sociedad actual se encuentra en una situación de crisis, con un panorama oscuro y triste, incomprensible e insensible.  Estamos en una vida contemplativa en donde todo pasa y no se hace nada, la indolencia nos está carcomiendo las entrañas, ya que nada nos duele.

Vemos a diario crisis, críticas sin respuesta, argumentos mandados a recoger ante el avance de la sinrazón, caras sin identificar con profundas heridas desde el alma, desviación de las atenciones reflexivas que nos llevan a la confusión. Los órdenes de la vida son en totalidad negación de lo subjetivo, un efecto colateral de la escurridiza lógica.

 Nos encontramos atados a actos irrelevantes, aquellos que no dejan mover la intelección, muy alejados de la percepción frente a la realidad de la situación, no precisa inmersiones sociales y mucho menos individuales, permiten florecer las publicaciones con sentido, esto es una “primavera filosófica”, un renacimiento del bálsamo curalotodo.

Contemplamos una búsqueda introspectiva, un complemento ignorado de la existencia importante del ser humano, una individualidad alejada del encuentro con nosotros mismos, sin permitir la mejora del colectivo del ser.  Nos miramos el ombligo, sabiendo que siempre estará ahí, pero no vemos su importancia frente a lo medianero del pensamiento humano.

Generamos preguntas sin respuestas, formaciones intelectuales sin argumentos, pensamientos filosóficos que vienen y van, planteamos interrogantes y sus soluciones, amarrados a las disonantes interpretaciones ubicadas muy lejos de la diversidad, del límite y la comodidad.  Inconsistencia de hechos, algunos incongruentes otros inexistentes, solo dejamos divagar nuestra mente, sin fin conocido, sin norte y sin objetivos.

Juicios de valor que van hacia la incertidumbre, eso que no nos deja vivir por falta de la verdad, el aumento de la mentira y los indefectibles detalles que no podemos reconocer; vitalidad absoluta y opuesta e incompatible con resultados poco comunes, que desperdician nuestra existencia.

Revolución de objetividad y subjetividad en una sociedad donde nos ha tocado vivir, sociedad atacada por todos los males, juegos desdibujados de sus principios éticos y morales, ausencia de realidades sometidas por agresiones, disolución de sociedades y agresiones desde el intelecto hasta el alma, desde el cuerpo hasta la piel, desde cicatrices tristes y lastimas hasta profunda e imborrables, mensajes sin transmitir por su incoherencia que no dejan mejorar nuestra sociedad.

Es evidente entonces, que ni los pensamientos de Bertrand Russell, ni Albert Einstein y mucho menos Juan Jacobo Rousseau sirvieron para edificar una sociedad justa, con principios de equidad donde se respeten los derechos fundamentales, donde no reine el poder del más fuerte y mucho menos la corrupción cabalgue rampante, donde el Estado tenga políticas estables. Un panorama desolador el que tenemos, cómo enfrentar una crisis?, cómo debemos actuar?, seguimos con la contemplación y la pereza, o buscamos la solución dentro de la filosofía del individuo aunada a su antropología, es hora entonces de echar manos a nuestras raíces, aquellas que nos dieron nuestros ancianos, donde podamos creer en el otro y lo más importante donde lo humano sea más humano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.