EL TRIANGULO JURIDICO DE SANTO TOMAS

El hombre es consciente dentro de su dimensión humana que debe cumplir unos mandatos o mejores unos deberes, pero que al mismo tiempo tiene unos derechos y es allí en donde el Estado es el encargado de vigilar y proteger el bien jurídico tutelado, que en últimas no es otro que el derecho que tiene el hombre como integrante de la sociedad.

Y es a partir de las cosas, del poder y de las leyes en donde el ser humano comienza su existencia como ser social, o como bien lo dijo Rosseau hay una relación simbiótica entre estado y ciudadano, pues ambos se deben unos derechos y unos deberes, que son los que garantizan el funcionamiento del mismo y el disfrute del ser social de este.

 

Muchas veces no hay necesidad de seguir a ningún pensador, para convertirse el individuo en un muy buen hermeneuta, valga decir, con suficiente capacidad de raciocinio, intelección, entendimiento y comprensión, pero que de todas maneras se debe reconocer el esfuerzo hecho por los filósofos en tratar de adaptar esta ciencia al pensamiento humano, acercarlo a la parafernalia individual del hombre, y como si fuera poco entremezclarla con la existencia de este.

 

Pero hay que resaltar que es ese triángulo el que de alguna manera interpretó Santo Tomás como la misma realidad del hombre, pues este debía entender  que tenía un derecho (ius) por las cosas, otro por el poder o participación en el Estado y por último la ley o ius punnedi o iustum, según los romanos,  y es ese derecho el que hace individual al hombre, buscando entonces la justicia como bien último, o dicho de otra manera dar lo justo a lo que es justo, como dijo Ulpiano “Constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi”,  en otras palabras la perpetúa voluntad del hombre en buscar un tributo.

 

Sin embargo, tanto lo uno como lo otro exige que el ser humano dentro de su ser social, deba cumplir con unos mandatos, esto es, ser individuo cumplidor de leyes y normas, hechas por el hombre para los hombres con el fin de garantizar el derecho objetivo, el derecho subjetivo y el derecho normativo, es decir, que existe una relación de semejanza entre estos, pues el hombre recibe de las cosas sus beneficios o su razón de ser, o buscando su capacidad jurídica, y por último protegido por las leyes.

 

Sirve lo anterior para establecer que es desde esa perspectiva en donde el hombre entiende su razón de ser, valga decir, que cumpliendo sus principios éticos y morales  encuentra su valor social e individual, pues no debemos olvidar que fue Santo Tomás quien desde su concepción realista se opuso al feudalismo e incitó al hombre a vivir en comunidad, pero lastima que esa vida en comunidad se esté desdibujando por la supremacía de otros valores, que van sustituyendo la libertad y el libre albedrío del individuo por superar no solo su propia idiosincrasia sino la presión social, que lo va cosificando  y deja a un lado su propia voluntad, para entregársela a otros que si piensan y hacen por él.

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