INTERPRETANDO AL QUIJOTE

“Cambiar al mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía. Sino Justicia”

Las implicaciones filosóficas, éticas y políticas nos han llevado a realizar una interpretación de nuestra propia realidad, desde lo cotidiano hasta la forma de entender al mundo y por ello aspiramos a construir un mundo en donde el abordaje de lo complejo nos ayude a entender el universo y su relación de ciencia y conciencia.cropped-cropped-quijote-3.jpg

Y en efecto a esa latitud existencial nos dirige el tan ilustre Hidalgo Caballero quien desde su locura si es que la tenía, interpretó la época en que vivía, igualmente la relación del ser humano con lo social, y la forma como los problemas se presentaban dentro de su propia cotidianidad, revolucionó para la época todas las situaciones fenomenológicas que se presentaban; desde lo político hasta lo democrático, desde lo económico hasta lo social y desde lo personal hasta la relación con su entorno.  Nótese como es el mismo Cervantes quien da cuenta de los situaciones  que se generaban y a las cuales hacía referencia en el contenido del Quijote de La Mancha, un libro para muchos un sistema de vida y para otros un manual de urbanidad.

 

Toda esa interpretación que hizo el autor en referencia acerca de los fenómenos sociales que para la época feudal se presentaban, da a entender que desde esa época hasta el momento actual la situación no ha variado, hay avaricia, inestabilidad emocional en el hombre, malos gobiernos y gobernantes, sistemas económicos que no cuadran por ninguna parte y lo más importante el comportamiento del hombre da mucho que desear.

 

Los cambios actitudinales han sido cruciales en el modo de comprender lo social, más aún ello ha llevado a la concepción de la transformación del ser observador y el ser observado, pasamos desde una imagen simplista y mecánica hasta una entramada en lo complejo y en lo práctico.  Todo ello se concluye después de interpretar uno a uno los diálogos entre el Quijote y su compañero Sancho; también en los momentos de lucidez cuando visitaban algún albergue o hasta cuando hablaban de su Rocinante y su bella Dulcinea.

 

La espiritualidad del Quijote se ve a raudales, su ser cristiano lo lleva impregnado en su mente, hacer el bien, ayudar a los débiles, limpiar la maldad y el egoísmo; nótese como esos principios altruistas son arraigados en la persona que quiere transformar la realidad, ser salvador de causas perdidas pero lo más importante creer en el principio de la buena fe de los individuos.  Salimos de ese mundo fingido en el que nos hemos encerrado para derrotar a los antihéroes, ver con ojos diferentes los fenómenos que se nos presentan para mejorar la humanidad y su entorno, pretendiendo instaurar una justicia que tropieza con la antítesis de lo justo, aventuras encontradas en el camino sin un protagonista que las interprete, haciendo volar la imaginación y la palabra a lugares insospechados pero sin un proyecto de vida dimensionado a emerger hacia la historia del individuo, en donde el sentir del ilustre Caballero nos permita crear novelas que hagan del hombre un ser justo, apropiado a su realidad y contexto y no sufragando sus propias necesidades sin importar los demás, solo ese Yo o súper yo del que hablaba Freud, un individuo lleno de egoísmo sin entender que la vida es el altruismo y el trabajar por los demás seres humanos sin esperar recompensa.

 

 

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