"FILOSOFÍA, PEDAGOGIA E INVESTIGACIÓN"

PLACER POR LA INVESTIGACION Y LA DOCENCIA. Diego Mario Zuluaga Osorio. Lic. Filosofía y Letras USTA. Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB.

LA ANTITESIS DEL LIDERAZGO AUTENTICO – LIDERAZGO TOXICO

“Es fácil oponerse, pero es importante hacer la diferencia” (Ray Nelson)

Es un hecho que quien pretende inspirar a otros debe tener algunas características entre otras “una vida auténtica”, esto es, haber encontrado el propio camino a lo largo de la vida; igualmente reconocer que el trabajo puede y debe proporcionar oportunidades para el crecimiento personal, pero todo ello va de la mano con la honestidad, la integridad, la lealtad arraigada en la responsabilidad, además demostrar que se es persona auténtica.

 

Sin embargo, encontramos que en el momento actual de la historia no solo de Colombia sino de otras naciones, existen individuos que se muestran como líderes con actitudes totalmente diferentes a pretender ser auténticos, como Hitler, Bolívar, Putin entre otros, quienes a pesar de haber figurado en la historia como salvadores todo lo contrario se concluye de sus legados; hay que resaltar que su legado es importante pero también dejaron de ser ese referente a seguir en virtud al cambio de paradigma.

 

El concepto de liderazgo exige esa entrega por el otro, por la causa, por la empresa, por los objetivos y metas, pero desarrollados en términos de cultura organizacional, pues este se manifiesta en el campo político para interpretar la sociedad y su progreso; en el campo deportivo desde su organización hasta la valoración del evento; en el campo social pues existe la relación  entre las organizaciones sociales; en el campo técnico, en sobresalir en sus conocimientos y experiencias; en el campo del conocimiento ya que dominan determinados temas y se convierten en autoridad en la materia; en el campo económico  ya que sobresalen en sus estudios, análisis y proyecciones económicas y financieras. Es decir, son sujetos sociales que se involucran en los campos sociales en donde el liderazgo tiene cabida.

 

De otra parte, hablar de liderazgo auténtico es centrarse en la inspiración y en la responsabilidad como elementos integrantes de ese pensar; cómo también conocer esas preguntas poderosas que empoderan y conectan al ser humano con su ecosistema, o si su gran “liderazgo proviene de la habilidad para llegar a las vidas de otros” (Irvine D.), pero entonces cómo saber si los líderes que conocemos son los que llegan a nuestras vidas, si podemos confiar en su capacidad de dirección y si su propósito es diferente al de sus propios intereses personales. Es cierto que se vislumbran argumentos contradictorios, a veces utilizando epítetos deshonrosos, menospreciando las capacidades profesionales y hasta humanas de otros, sin embargo, salen a la luz los resultados esperados, conceptos sustentados y en ocasiones se espera sus pronunciamientos para tenerlos como base.

 

El liderazgo auténtico implica  el desarrollo apasionado con respecto a aprender más allá de los momentos, de la importancia del trabajo, embarcarse en trabajos en búsqueda de la existencia de otros líderes auténticos con quienes se muestren las acciones auténticas; enfocarse hacia el observar y el sentir; entendiendo que este no es lineal sino transversal en donde las cualidades de los participantes confluyan, pues el liderazgo no se ejecuta con palabras sino con acciones en donde concuerde la teoría y la historia, sin reemplaza la experiencia sino guiar la existencia del hombre hacia un plano mucho más auténtico.

 

Si bien es cierto, existen líderes auténticos, también lo es, que existen líderes tóxicos, quienes utilizando ese seudoliderazgo con argumentos totalmente distintos; lo que queremos son personajes que aprendan, que no exploten, que no comparen, que no critiquen, no que sean santos, pero si seres humanos que no olviden para qué van a ser elegidos y por quienes.

 

Un líder tóxico no es otro que demuestra competencias no válidas para inspirar, en especial para transformar escenarios y además saber guiar  a aquellos que los van a elegir; claramente se observa un antagonismo entre los argumentos de liderazgo auténtico y liderazgo tóxico, además los usados distan mucho de los programas que plantean, de la manera como enfrentar los objetivos y las metas, en donde se pretende es la promoción de sí mismos, en donde el “yo hice” es más importante que el “para qué se hace”, las dinámicas de liderazgo individual en contraposición con el liderazgo social,  mientras que la esencia de un liderazgo auténtico es cultivar el ambiente que nutra a otras personas, el liderazgo tóxico refleja que lo propuesto no se cumple, que no hay bases suficientes para edificar esa nueva sociedad que queremos, igualmente con un norte desviado totalmente de la visión de país.

 

Observamos ese liderazgo tóxico cuando a quien debemos seguir “no es ético”, su trasparencia esta manchada por investigaciones penales, disciplinarias y de otra índole, en donde su compromiso está supeditado al igual que su honestidad, y es que “lo último que necesitamos son precisamente figuras deshonestas liderando el motor empresarial de nuestra sociedad” (Sabater V.), de otra parte, basta oírlos conversar para concluir su total contradicción, desorden y acomodo de los comentarios que se hacen y confrontan.

 

El liderazgo tóxico es la peor enfermedad que se presenta en este momento en la sociedad, devenida de esa postmodernidad llena de complejos, culpas, de ires y venires de la evolución del pensamiento, de esa desmotivación generalizada como consecuencia de una pandemia mal manejada desde lo social y lo mental, de la herencia genética del hombre y de la política de los últimos cincuenta años, con una reactividad que elude responsabilidades pretendiendo solucionarlos con argumentos que no se creen, con políticas disonantes para llamarlas de alguna manera, pero en especial que denotan que los líderes auténticos se acabaron.

 

La lectura que se hace de la nueva modernidad es que la autenticidad es realidad, honestidad y humanidad.  Ser auténtico entonces implica el reconocer esa cualidad espiritual humana de la libre voluntad, siendo sinceros y actuar en consecuencia. De allí que el liderazgo auténtico tenga implícito ese concepto de humanismo, muy de moda en la época actual, pues no de otra manera se entiende el desarrollo de la sociedad hacia un futuro en donde lo ambiental vaya de la mano con lo económico y social.

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