PSICOLOGÍA Y FILOSOFIA

 

 

DESPERDICIO DE VIDA

 

 

Entendiendo la dimensión del ser humano, igualmente la incidencia del medio ambiente en el desenvolvimiento de sus actitudes, como también el logro de cada una de sus metas, la sicología se convierte en la parte intangible pero importante, pues esta, en mi concepto, es la herramienta que el hombre necesita para que en un momento dado se dé la relación simbiótica entre la sicología y la filosofía.

De otra parte. No podemos olvidar que el filósofo no puede ser ese personaje convidado de piedra dentro de nuestra sociedad actual, antes por el contrario debe ser un sujeto crítico, que asuma los retos del conocimiento, el cual no solo se adquiere con la educación y como si fuera poco aprenda a hacer uso de ello.

 

Todo esto generará personas participativas, con autonomía y que concursen con la actualidad del Estado, del ser humano, creando satisfacción humana, y espontaneidad en la comunicación, por lo que nos veremos como individuos iguales donde haya una influencia reciproca y de mutualidad.

 

Para el filósofo entonces, el hecho de conocer la sicología, permite también conocer al ser humano, identificar qué es lo que genera su pensamiento, su forma de enfrentar la vida, y de cómo responder a las diferentes situaciones a las que debe enfrentarse.

 

Igualmente, el filósofo debe ser ese personaje generador de cuestionamientos, en donde nos planteemos si “yo soy parte del mundo o yo soy aparte del mundo”, esto para indicar que el individuo como tal debe estar presente en todos los momentos de la sociedad, del comportamiento humano, de las respuestas que este dé, y no ese ser apático, al que no le importa nada, el que se hace el loco cuando tiene que responder los actos de los demás, o contra aquellos que atacan su condición humana.

 

Siguiendo con el tema propuesto, es bueno aclarar que el hombres es quien hace pensar al hombre, esto es, aquí se cambia el concepto “que el hombre es lobo para el hombre”, esto conlleva entonces a que la posibilidad del conocimiento es una cuestión colectiva, pues no se concibe una sociedad en donde lo investigado, lo propuesto no tenga una connotación social o al menos dentro de la dimensión del ser humano.

 

Los latinoamericanos, desde la independencia hasta hoy, no hemos aprendido bien la lección, y, por supuesto, hemos pagado y continuamos pagando muy caro nuestra superficialidad en el tratamiento de la política y la historia. La identidad política es una condición de la identidad, a secas. Alcanzarla es un desafío ineludible que nos presenta la historia y la cultura.

 

La identidad, por otra parte, es una condición de la universalidad. Identidad y universalidad son dos términos indisociables: sólo se tiene identidad en la medida en que las expresiones particulares se integran a la universalidad de las culturas; sólo se alcanza la universalidad, cuando ésta se forma por la convergencia de múltiples determinaciones, por lo que hemos llamado repetidamente, la unidad en la diversidad.

 

Se concluye entonces, que el filósofo debe hechar mano de la sicología  como parte integrante del contexto del ser humano, para poder entender a este dentro de toda su dimensión, no sólo individual, sino colectivamente, no solo en su identidad sino dentro de su universalidad, para con ello poder construir una sociedad mucho más justa y acercada a la realidad.

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