ACERCA DE LA MUERTE

 

“Cuida el final como cuidas el principio y no cosecharás el fracaso”

Laozi

Para hablar de la muerte, primero hay que hablar de la vida, y la implicación de este vocablo dentro de la existencia del ser humano. Y debemos tener en cuenta que fue Platón como discípulo de Sócrates quien planteó que la vida es aquello que ve el hombre dentro del medio ambiente y dentro de su cuerpo en conjunción con el alma.

Pero antes de pensar en el fenecimiento de nuestra existencia, nos debemos preguntar cuál fue mi papel en este mundo, si cumplí o no con la misión encomendada, o terminar diciendo que mi vida fue un techado de virtudes ante las vicisitudes que se me presentaron y que como ser humano tuve la oportunidad de controvertir, poniendo de manifiesto mi ética, mi moral, mi integridad, mi lealtad o mi franqueza, porque no debemos olvidar que el hombre es un ser terrenal por excelencia y es precisamente esa premisa la que implica mi autenticidad como ser, mi responsabilidad y si con mi libre albedrío tomó o no las decisiones correctas.

Sin embargo, surge un nuevo interrogante acerca de si mi vida tuvo sentido, o derrumbarme con mi depresión ante la ineficacia de mi existencia, o pensar que fui un accidente en este mundo y que quienes me rodearon no hicieron parte de mí, ni yo hice parte de ellos. Este juego de palabras sirve para explicar que fueron precisamente esos pensadores antiguos, los que dieron el camino a interpretar al  hombre en toda su dimensión humana, y permitir que este encontrara su significado y en consecuencia cuál fue su propósito.

Pero la muerte representa un momento en la vida del hombre, bien porque deja su forma corporal y lo etéreo se transforma en una nueva energía, claro está, si cree en la reencarnación o en la existencia de una vida después de aquella, o si por el contrario que con el acabar de la vida también se fenece con la envoltura del hombre, (parte física), quedando la otra en el recuerdo de aquellos que lo rodearon, o preguntarnos si se es eterno, o pensar que la eternidad se representa en el recuerdo que se deja en los demás.

Cabe resaltar si el hombre es perfecto o de dónde proviene esa perfección, y para ello debemos resaltar que el principio cristiano es que el hombre vino a este mundo a ser feliz, y no se concibe este sin que pueda disfrutar del placer, del trabajo, de los sentimientos o poder decir si se vivió en competencia o si se llenó de sentido mi existencia; es que el término muerte encierra una cantidad de interrogantes y que en consecuencia la única manera de explicar y entender la misma, es diciendo porqué unas culturas lloran ante el fallecimiento de un ser querido y otros hacen fiesta, porque para unos y otros la trama cultural es la que dirige esta costumbre, y aquí es bueno recordar a Kant cuando dijo “En lugar de controlar a los demás para nuestros propósitos, deberíamos valorarlos como personas con sus propios objetivos”, es decir, que la muerte no sea una manera de olvidar a los demás, sino que por el contrario recordarlos con sus cosas buenas y aprender de ellos acerca de cómo vivieron en este mundo.

Aquí también confluye el término libertad, entendida esta como el libre albedrío que tiene el hombre de manifestar como ser humano y como hacedor de parte dentro del universo, y es precisamente esa cosmogonía la que le permite introducirse en el mundo, involucrarse en el pensamiento y desarrollo de este, para terminar diciendo que si fui dueño de mi propio ser, o viví encadenado a los demás, o si mi vida sufrió tal apego a las cosas materiales que no pude disfrutar mi libertad como ser pensante, o si por el contrario fui capaz de desprenderme de aquellos elementos que me ataron a la tierra, o si disfruté de mi libertad y con base en esta me adelanté a los demás seres, esto es, trascendí dentro del mundo local, regional, nacional o mundial y si esa trascendencia me permitió dejar huella en mi identidad terrenal.

La historia entonces viene siendo la determinante acerca de las experiencias  que se tuvieron en el desarrollo del cuerpo viviente, claro que con sus anexidades, y consecuencialmente si el modo de hallar la esencia de uno mismo y la valentía con que se enfrentó la vida, fue lo suficientemente fuerte como para determinar que después de la muerte continuaré en este mundo de los vivos, si solamente mi existencia no tuvo importancia ni para mi ni para los demás.

Alguien dijo que la muerte es lo máximo de lo desconocido, y en ello tiene mucha razón, ya que ninguna persona acepta la desaparición de un ser querido, sea este familia, amigo o conocido, igualmente que debido al miedo que esto produce el individuo se apega a sus creencias, sean estas religiosas o de cualquier otra índole, pues es a partir de este momento que en el hombre cobra fuerza la fe y hayan en la misma un consuelo a su existencia; de otra parte, el hecho de aceptar la muerte como algo natural del ser humano lo lleva a interiorizar el desprendimiento de la vida, pero esa afección la llevamos dentro para en últimas hacerla extensiva a quienes nos acompañan, para dejar marchar a esa persona hacia ese lugar al  cual llegara de acuerdo a nuestras propias creencias.

La vida después de la muerte nadie sabe si existe, aunque han habido testimonios, estos son aceptados por el dogma de la fe, pero nada real y es precisamente esa realidad la que le permite al hombre adoptar determinadas situaciones frente a este hecho, pero no debemos olvidar que es con base en esos dolores que el hombre madura, adquiere conciencia existencial y como si fuera poco adquiere valor su terrenalidad y en consecuencia la perfección se acerca cada día más a este.

Para terminar, hay que enfrentar esa muerte, inicialmente haciendo un análisis de cada uno de los conceptos que anteriormente se refirieron y concluir que el recuerdo de quien fallece se convierte en el tesoro invaluable para aquellos que de una u otra manera compartieron con este, y es precisamente ese recuerdo el que lo viene inmortal dentro de la existencia de quienes quedamos en este plano terrenal.

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