¿ A QUIÉN SEGUIR ?

“El 98% de la humanidad pasa el 98% de su tiempo haciendo cosas que no importan” (Neale Donald Walsch). Qué cosas importan: “la gratitud, la resignificación, la compasión, el perdón y la meditación”

Las heridas abiertas de Colombia imponen un paso del tiempo dentro de los destiempos en que nos vemos involucrados y los hechos apuraban las horas o las retrasaban, sin embargo seguimos a los sabios a través del lenguaje que generaron caos y nos encontramos en mundo feroz y adverso, en dónde la crónica solo es eso, una crónica de la historia mal relatada y al mismo tiempo mal solucionada y eso sobra si buscamos en la memoria de Colombia, pero al quebrantar la historia se ensambla una memoria cedida como un tributo y no como la regeneración del caos que esta produjo.

 

La vida y la novela se alimentan precisamente de esos sucesos históricos sin memoria, en donde se pierde la guerra para ganar la paz o se entrega la paz para continuar la guerra. Ahora bien, cuál es el país que imaginamos, dónde está esa esperanza de realidades lejanas no muy cercanas al sueño ideal, para encontrar un territorio organizado por la ley, o como diría Gabo: “no hay colombiano indocumentado”, esto es, conocemos la historia, reconocemos la identidad propia pero no conocemos a los personajes a quien seguir.

 

Una democracia en donde se solucionan las cosas a coscorrones, insultos van y vienen entre dirigentes, funcionarios públicos en la cuerda floja por negociaciones truculentas, dineros desviados, obras pagadas más de dos veces y como si fuera poco, los corruptos haciendo de redentores frente a la muerte política o haciendo gala de una honestidad enlutada por señalamientos con dos países: “el de su vida diaria y el de su imaginación”[1], sin embargo, eso es Latinoamérica, un continente plagado de seudolíderes, personajes seguidos por los unos y los otros que dan la vida por sus caudillos, que nos parecemos en lo democrático y sus problemas, pero no en la solución, en donde los artistas son más creativos que los políticos.

 

Ahora bien, dentro de esta modernidad excluyente y no incluyente en que se basa nuestra cultura, quedando fuera el olvido de la historia y su memoria, a quién seguir entonces?, cuando todo se mueve y nada cambia, en donde se le da vuelta a la cosas en búsqueda del origen para empezar de nuevo ese círculo vicioso, que no deja olvidar la existencia de personajes que en efecto si hubieran podido hacer algo bueno por este país, en donde los políticos disfrazan los problemas, echan la culpa a la violencia, a los grupos subversivos y al pueblo mismo, dejando que estos se maten entre sí, sin vislumbrar una verdadera solución a los diferentes fenómenos sociales y culturales a los que nos enfrentamos a diario.

 

La guerra contra seguir a alguien desde la guerra por querer ser alguien, es una lucha revolucionaria del ser humano, cada día buscando la sangre que fortalezca el ideal, su creatividad e imaginación, para entender que cuando no hay a quién seguir, se debe seguir a ese YO interior, aquél que nos muestra el lubricante de lo justo, del respeto por el otro, el que nos hace grandes para indicar que se está en búsqueda de la perfección humana dentro de un océano de posibilidades , pero cómo revolucionarnos sino nos conocemos desde adentro, de ese monopolio de ambigüedades que conforman el comportamiento del individuo, en esa selva interior a la que no sabemos oír y en consecuencia nos va a matar.

[1]. Fuentes C. Aquiles o El guerrillero y el asesino. Alfaguara.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.