CRISIS AMBIENTAL Y CONOCIMIENTO

El impacto del medio ambiente en la vida del hombre, está más catastrófico cada día. Sin embargo, es el ambiente en el que se sustenta la vida humana el que nos preocupa en este artículo, valga decir, ese espacio temporal en el que desarrollamos nuestras actividades. 

Ahora bien, nos preocupa si el lugar en el que vivimos es ese ambiente donde deseo continuar, como miembro de la civilización humana con todos sus avances técnicos y científicos, o si por el contrario, estoy en la búsqueda de un mejor lugar, uno podría ser después de la muerte o en aquel donde es el sitio de confort.

 

Nos encontramos en una crisis de la civilización, es decir, vamos hacia un ocaso del pensamiento y del conocimiento. Basta mirar como cada día se disminuyen las horas de estudios en las instituciones educativas, se reconstruyen las ideologías enmarcadas en el facilismo o mejor, en la disminución de las áreas de humanidades. Nótese por ejemplo, que hace años se ofrecían nueve horas de clase en humanidades y ahora solo tres a la semana, una de religión, otra de valores y una última de filosofía, válgame Dios. Así, a qué sociedad vamos a llegar, si la educación Filosófica en Colombia no se cumple, de acuerdo al Documento No. 14  del Ministerio de Educación “Orientaciones pedagógicas para la filosofía de la educación media”

 

Una paradoja de la educación y el sistema educativo no solo nacional sino mundial, en qué ambiente vamos a crecer, si lo humanístico no importa, pues se está preparando es para la vida laboral y no para la vida social. «Estamos haciendo jóvenes mercenarios porque les educamos en que todo es a cambio de algo»,  y esto lo dijo Koldo Saratxaga (un español preocupado por lo solidario). Queda pues en el ambiente determinar si ese conocimiento es suficiente para entender la dinámica mundial, el explicar el porqué de las matanzas a diario, la xenofobia rampante en todos los países, la discriminación social y la falta de inclusión en una sociedad plagada de descontento social.

 

Caminamos hacia un futuro incierto, el ambiente asocial está ganando la partida, el conocimiento no importa, vale más la posición social con el poder económico, que el ayudar al necesitado, disminuir la pobreza de alguna manera con nuestras actitudes, el saber ambiental atropellado por la globalización mercantilista, una racionalidad ecológica que nada tiene que ver con entender el medio ambiente, un desarrollo sostenible que solo son palabras frente al demonio de la corrupción,  al revalor de la escala de valores: sin embargo, debemos crear es un proyecto de desarrollo humano sostenible, que no se convierta en una moda lingüística ni en un discurso falaz, sino en uno, capaz de conseguir los objetivos que subyuguen las necesidades vitales del hombre y en donde las identidades culturales  permitan el intercambio de esa propiedad intelectual, la que cada día vamos viendo más lejana.

 

Hay una transversalidad entre el saber, la ecología y el medio ambiente, se requiere una reflexión epistemológica acerca de la validez de la verdad, y el objetivo del conocimiento, para cuestionar si el mundo se ha vuelto contra nosotros, o entender de una vez por todas los enigmas de la naturaleza, que nos brinden una racionalidad moderna y de esta manera desterrar los peligros ambientales que no nos dejan trascender como seres humanos y miembros de esta universalidad.

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