UNIVERSALIDAD, CRISTIANDAD Y BANQUETE

Nuevamente la modernidad nos está dirigiendo hacia el concepto de universalidad, aquello que se ha generalizado por parte del ser humano como existencia de la interpretación de la ciencia, la razón y la lógica, pasando por varios matices desde lo religioso hasta lo mundano.

 

Pero el universo sigue estando vigente en el pensamiento del ser humano, son esas ideas que se han pulido y perfeccionado en la intelección del hombre que han servido para entender su existencia; sin embargo, la cristiandad es otro fenómeno, no voy hablar del aspecto religioso, sino de la manera como el individuo interpreta el pensamiento de Jesús, este hay que reinventarlo, un personaje que abogó por la felicidad, la práctica de la solidaridad y la alteridad y otras acepciones, pero también de la mano del concepto del banquete, no comprendido entre como gusto por la comida, sino por el contrario, el gusto por disfrutar  lo que se hace y lo que se tiene, en ayudar al prójimo o darlo todo por el otro.

 

A pesar de todo lo anterior, preocupa sobre manera la nueva interpretación que el ser humano está dando su vida, se están olvidando áreas como la filosofía e historia, pues ya no recordamos lo que ha sucedido con antelación y que ha servido de base para cambiar los conceptos, los avances científicos y tecnológicos.  La génesis del pensamiento ha quedado atrás, nos encontramos en el trasegar con demasiados intérpretes, pero ninguno de profundidad, que cambie o recabe cómo piensa el hombre en este nuevo milenio, una época donde el conocimiento ha sido declarado el arma de avance y superación, en donde el trabajo se mide por esa condición y de la misma manera se pagan las labores.

 

Dijo Nietzsche  que “esa es precisamente la obra del poeta la de interpretar” y en efecto eso es lo que hacemos a diario, observar el universo con toda su dimensión, conocer su evolución y su influencia en el hombre de ahí parte el principio de universalidad, sin embargo, eso es lo que hace al hombre un ser dogmático y y eterno, reconociendo su realidad e interpretándola de manera tal que el fenómeno de la cristiandad solo sea un respiro dentro de su dinámica existencial, de ahí que ya no se disfrute nada, no se saboree nada y mucho menos se practique el placer como fenómeno, ese es el banquete, aquello que disfrutamos y nos convierte en individuos hedonistas, olvidamos el dolor propio y el ajeno.

 

Aparece entonces la pluralidad de voluntades, lo que llama Nietzsche “voluntad de poder” y desarrolla lo que un hombre quiere, ese impulso de libertad que se enfrenta a las resistencias que incorporan o dividen el momento de éxito del ser humano, pues para eso fuimos llamados, ser universales, practicar la filosofía de Jesús, pero al mismo tiempo disfrutar de nuestra existencia.

 

Todo lo anterior se convierte en una discusión intelectual, en donde “el saber y el comprender se abren como posibilidades “(Navia), y el aspecto científico-social adquiere su valor en la forma como el ser humano se reinventa dentro de esa sociedad compulsiva, una sociedad en donde el más fuerte está ganando la carrera y en dónde el débil no tiene quien lo salve, y mucho menos aparezcan agentes pragmáticos con aires positivistas en donde la vida humana es siempre la misma pero sin identidad absoluta. Una tragedia a la que se enfrenta el hombre, nada es igual todo es lo mismo, una angustia existencial amarrada a los avatares a los que el hombre se enfrenta a diario, buscando una salida en una sin salida en la que se ha convertido nuestra sociedad.

Lic. Filosofía y Letras. USTA
Esp. Universitaria Epistemología y Gnoseología. U. León Barcelona
Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB

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