EL FRACASO DE UN AÑO QUE PASO

Estamos en una época en que se evalúan los aciertos y desaciertos de un año que termina, pero al mismo tiempo nos damos cuenta que el vivir es un viaje complicado y difícil, en el que el tiempo pasó inexorable, el desorden mundial nos tocó en algunos casos, estrellas y planetas fueron vistos en su momento, pero también las temperaturas climáticas nos afectaron.

Según Sartre “estamos condenados a elegir” pero al mismo tiempo evitar que seamos expulsados del paraíso que vivimos; tenemos una legión de fuerzas que concurren con el azar y las influencias para regresar a lo sencillo, pero al mismo tiempo dedicadas a impregnar esa fuerza que hace que el hombre a diario se pregunte si valió la pena haber vivido este año de la manera que se hizo o qué nos quedó faltando para felicidad o infelicidad.

Será que la muerte fue nuestra compañera ante los evidentes fracasos o demasiados éxitos inaguantables para la capacidad humana, en donde el camino nada lo cansa ni nada lo contradice y mucho menos lo impide, ahí es el valor de la simpleza con que se vive. Caímos y nos levantamos infinidad de veces, nos opusimos a la opresión y al control, al igual que a los avatares inexorables que conlleva el sobrevivir, dentro de ese loco y trabajoso existencial que va inmerso a nosotros dentro de la infinitud de posibilidades a las que se refiere Heidegger, como argumento para inventarnos y concebirnos dentro del misterio de la libertad y la complejidad de lo humano para determinarnos como dueños de nuestra existencia.

Sin embargo, debemos asumir lo simple como explicación lógica para entender los éxitos y los fracasos, o sino terminar cantando “yo soy rebelde porque el mundo me hizo así” (Jeanette), olvidando el determinismo que asoma ante las posibilidades que vienen y se van, que se escogen y se desechan, que se reconocen o se tachan, estableciendo qué fue lo bueno y lo malo de este año que termina.

Lo difícil no siempre es lo mejor, probablemente porque el ser humano está hecho para disfrutar, para ganar y ganar y no perder y mucho menos fracasar, muchos se han levantado después de muchas caídas, demostrando con ello que el hombre vino a este universo a buscar su felicidad, pero no a costa de los demás, pues recordemos las palabras de Mandela, “yo soy el capitán de mi propio destino”, por lo que los principios éticos se convierten en el pilar fundamental para argumentar que nada está escrito, que no se puede dejar al azar nuestro destino sino que por el contrario elegir cómo debemos pasar, y cómo elegir nuestra alegría.

De otro lado, para enfrentar el fracaso mencionado empecemos por mirarnos quiénes somos y amarnos tal como somos, pelear nuestras batallas y someternos ante la humildad y la sencillez, pues no basta hacer planes para un próximo año sin construir de alguna manera el futuro, ya que este se construye con un presente continuo. Aceptar nuestra realidad es imperativo, reconociendo el yo quiero y evitar el no puedo, pero lo más importante escucharnos esa voz de verdad que llevamos en el interior con plena conciencia y tolerancia, evitando las manchas negras del otro y sin condenarnos por los equívocos, creciendo hasta donde se nos permita sin humillar al otro, pues recordemos que vivir es un acto de humildad y sencillez.

Para terminar te deseo la construcción de un mundo feliz dentro de esa realidad en la que vives, en la que crecer sea lo imperante pero al mismo tiempo aportando a la sociedad un granito de arena para que esta sea mejor cada día.

Lic. Filosofía y Letras. USTA
Esp. Universitaria Epistemología y Gnoseología. U. León Barcelona
Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB

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