EPOCA DE ALEGRIA

El hombre por naturaleza prefiere una vida fácil o plácida, pero ha olvidado que a esta debe imprimírsele una vida apasionada. Nos acostumbramos al confort del marasmo, sin sentir la hinchazón de nuestras velas producidas por el viento de los avatares existenciales.

El universo y sus circunstancias han hecho que sigan de lado los ventarrones de la existencia, como también, menos tiempo para compadecernos y como si fuera poco seguir dándole vuelta a las miserias a las cuales nos aferramos como motivo de continuar viviendo. Ya no reímos, dejamos lo amable para confundirlo con nuestras manías y los sueños ya no vienen con la frecuencia que lo hacían ni con el empuje que llevaban.

La tristeza está ganando la carrera a la existencia, ya no confiamos en la vida apelando a los subterfugios e intrascendencias, la libertad coartada por aquello de las modas, de la sociedad, de la cultura sin permitírsenos mirar libremente, ser lúcidos y valientes y lo más importante poder mirar a la cara al otro por miedo al dolor, al rechazo, a la persecución y a la discriminación.

Razón tenían Nietzsche, Spinoza y Epicuro que no hay espacio para la tristeza, pues la alegría es eso que nos hace confiar en la vida, amarla tal como viene, pero dándole la importancia que cada uno le da de acuerdo a su escala de valor, por eso, nos encontramos en una época que invita a la alegría, a modificar los paradigmas comportamentales, ayudar al otro y permitir que la benevolencia venga de la mano con la época religiosa en la que estamos.

La existencia es sencilla para estar rodeado de amigos para practicar el dialogo y la sabiduría; dar más de lo que recibimos pues esta es un pilar de la manera como concibe el hombre sus vivencias.  Es un hecho que tenemos recuerdos, algunos felices y otros que no lo son, pero es a partir de ellos que construimos nuestra existencia presente, pues es conocido que el futuro es incierto pero que de alguna manera se va construyendo con lo que damos y hacemos.

Todo ello nos debe llevar a ese afán de vivir al que se refería Spinoza, como argumento apasionante de la práctica de los buenos modales, del dar y compartir, del asegurarnos que el otro también es feliz, evitando a toda costa la infelicidad y la tristeza. Más aun no dejar que se debiliten nuestras creencias, por aquello que todos los días luchamos, por superar problemas y dificultades, amén de practicar una ética existencial como principio de vida.

Sirva todo lo anterior, para la búsqueda de la dignidad del hombre y emanciparnos contra todo aquello que afecte la alegría como modelo único de vida, de ese consuelo centrado en la desesperanza por aquello de no liberarnos del espejo sinvergüenza e incondicional al que nos acostumbramos, pues se nos olvidó vivir por entregarle la alegría a otros a costa de nuestros deseos y del no gozar de la sabiduría que conlleva a la madurez existencial del hombre.

Lic. Filosofía y Letras. USTA
Esp. Universitaria Epistemología y Gnoseología. U. León Barcelona
Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB

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