LA EXISTENCIA DE LOS CO-CONSPIRADORES

Estamos dispuestos a doblegar o romper las reglas para desafiar ese status quo en el que nos encontramos o por el contrario vamos en búsqueda de aquellos que nos ayudan a crear nuevas formas de pensar, de actuar y hasta de ser, para alcanzar nuevos retos o mejorar lo que somos o tenemos o para cambiarnos sí mismo o al universo.

Nos consideramos inteligentes y sin embargo necesitamos de otros, pero no de sujetos convencionales sino de los no convencionales y a estos se les llama conspiradores. “Los co-conspiradores son diferentes no porque sean diferentes ellos mismos, sino por las personas que los necesitan” (I. Dasgupta-TED), y en efecto en este momento de coyuntura universal encontrar esas personas que reúnan de alguna manera las condiciones para ser considerados los sujetos citados, a es a veces una tarea titánica, máxime si se tiene en cuenta que la necesidad actual requiere de interdisciplinariedad en todas las ciencias.

 

Estamos en una carrera contra la vida y la muerte, que genera emociones a veces encontradas, una el querer sobrevivir y la otra sobrellevar las consecuencias, y en otras sobrevivir al miedo y a la falta de solidaridad de las personas; pero es a partir de ello en donde se conocen el verdadero valor del ser humano, unos buscando, otros actuando y otros tanto sacrificándose con su trabajo desconociendo que les pueda ocurrir.

 

Ahora bien, debemos preguntarnos quién es ese co-conspirador que nosotros buscamos, en dónde encontrarlo en este momento viral, de angustia, tristeza, resentimientos y estrés generalizado, para empezar, considero que debe ser en nuestro interior, para determinar si en verdad estoy dispuesto a hacer lo que otros están haciendo, si ese riesgo que corren me hace partícipe o no de la solución. A medida que entramos a ese entorno problémico con complejidad asegurada, se requiere soluciones urgentes y es en este instante en donde el valor de los demás se hace importante, pues no desconocemos que se requieren médicos, enfermeras, sicólogos, filósofos, sociólogos y otra gran cantidad de profesionales que aportarán su concurso para derrotar ese mal que se va generalizando.

 

Esos co-conspiradores deben mostrar lo que viene en adelante, en especial determinar el rumbo de la humanidad pues ese mal indiferente que no vemos también se incuba en nuestro interior, por ello esa lucha de analizarse como individuo, de escudriñar en lo más profundo para esclarecer qué sucedió en mi vida y que hacer de ahora en adelante, es una pregunta existencial que genera muchos cambios y una empatía social que nunca se había visto.

 

El arma en este momento es el coraje, el reconocer que hemos hecho por la madre tierra pero también por nosotros y por la sociedad de la que hago parte. Una reflexión que desde hace mucho nos debimos haber hecho, pero que solo en momentos de peligro la volvemos a considerar.

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