EN QUÉ HA INFLUIDO LA CUARENTENA EN LA EDUCACION

“Cuando se acabe el confinamiento, y vuelvan a abrir los centros educativos, no quiero que haya clases. No quiero que se “recuperen” los contenidos “perdidos”, ni que se amplíe el horario para compensar las horas “sin aprendizaje” de este tiempo…” (J. Zubiria)

La educación colombiana viene dando tumbos desde hace muchos años, por influencia de occidente, de los sistemas económicos y políticos sin poder vislumbrar a un corto plazo una mejora sustancial dentro de la arquitectura sostenible colombiana.

De otro lado, está en desuso la ley de educación y sus reformas, la forma cómo son calificados los maestros, sueldos irrisorios frente a la devaluación de la moneda y sueldos estrafalarios de algunos dirigentes; y qué decir de las protestas airadas que no son atendidas por el ejecutivo.

Y sin embargo, bien que mal la educación colombiana está bien ranqueada en América Latina, mejor que en algunas partes de Europa y su sistema educativo es admirado en otros lugares, a pesar del que tenemos es una copia de otra nación. Y a pesar de todo, los educadores y sus dicentes van en camino de enriquecer el aprendizaje y el conocimiento.

Pero entonces, qué viene después de ese confinamiento decretado por el gobierno en razón del Coronavirus, podemos pensar que la educación siguió lo mismo?, o qué ese resguardo obligado cambiará la conciencia de los estudiantes y sus maestros?, o qué debido a ello, los modelos pedagógicos sufren una alteración y surjan unos nuevos?

Un hecho cierto es que nos enfrentamos a un nuevo estilo de vida, que lleva desde la tranquilidad a la pasividad, del tiempo al destiempo, de la utopía y su distopía, del hablar y conversar e incluso preguntarnos sobre la prisa de la existencia, de una educación presencial a una virtualizada; y entonces estábamos preparados para ese cambio brusco, que obligó a montar en tiempo record plataformas educativas, aprender cómo funcionan estas y hasta como alimentarlas para entregarlas a un alumnado que nada conoce de tecnología educativa, situación que se presenta desde el 16 de marzo y afecta a algo más de nueve millones de educandos.

El coronavirus nos obligó a enfrentarnos a una nueva educación, a aceptar un cambio impuesto por medidas gubernamentales en protección de la salud y la vida; una educación pública con abiertas diferencias con la privada, pues mientras en unos se hace visible el nulo acceso a la tecnología, al manejo de computadores, a lo inaccesible del internet, en otros, cada dicente cuenta con su portátil, internet ilimitado y establecimientos bien dotados. Esa brecha educativa, hace desarrollar dos situaciones; una es adaptarnos a este cambio y sobrevivir en el intento o dejarnos absorber por una educación mediocre en palabras de José Ingenieros, cuando refiere en el Hombre Mediocre que “en el hombre se desarrolla la función de pensar como perfeccionamiento de la adaptación al medio…”, o entender que a pesar de esa diferencia hay que luchar por sobreponernos a esa situación y echar mano de Educar en la Creatividad,  esto es encontrar esa concepción que la creatividad está conectada a todos los ámbitos de la actividad humana y que es precisamente ese devenir histórico  social el que lo determina.

Qué cambiará entonces, saber reglas matemáticas, o reglas de ortografía o nutrir las ciencias sociales y naturales con fechas y datos, o centrarnos en descubrir cuál es el sentido de la existencia, convertirnos en seres más humanos con valores de solidaridad, encontrar esa compasividad pérdida o seguir soñando con el universo que tenemos o cómo cambiamos el actual.

Lo que si es cierto, es que la época de cuarentena nos obliga a enfrentar una nueva sociedad y una nueva educación, en donde al docente se le dé importancia, no solo desde su salario bien ganado entre otras cosas, sino desde lo profesional, una capacitación abierta y constante frente al avance de lo educativo a nivel mundial; y al dicente se le permita llegar a esa autorealización para potenciar el aprendizaje de nuevas habilidades y estrategias de trabajo (Betancourt Morejon)[1], en donde la conciencia para el éxito se asegure desde la primaria hasta la universidad y que esa brecha social se disminuya cada día, aplicando precisamente planeamiento y estrategia a la consecución de una escuela que responda a las necesidades educativas de todos los alumnos.

[1]. Centro de Estudios e Investigaciones de Creatividad Aplicada. Guadalajara, México.

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