VIAJE HACIA EL ESCLAVO SATISFECHO

Una juventud sin pensamiento crítico es una juventud sin futuro”

En qué momento el ser humano se volvió un esclavo moderno, esto es, atendiendo sin reflexión desde las rutinas familiares hasta las laborales y sociales, viajando frenéticamente día a día en esa incapacidad de tomar la iniciativa, frente a cosas como el consumo, la moda y hasta el moralismo.

Desandamos la existencia frente al qué compramos hoy y para qué, o cuál es la imagen que proyectamos ante los demás o dejando a un lado el acatar reflexivo de nuestros actos; el problema no es cómo enfrentamos las calamidades de la vida frente al momento actual del país, de la sociedad y de su influencia en la familia y allegados, en lo laboral y su relación con los demás, del cómo nos comunicamos con el otro, volvimos a lo de antes, era solo el lenguaje de señas pues el tapabocas actual restringe hasta el ver la sonrisa en acción, y los gestos alegres o ridículos muchas veces; andamos en tiempos intoxicados (Gonzáles), sin reconocer las distintas calamidades que nos ayudan a soportar el día a día del ser esclavos, una condición que afecta el pensamiento crítico y el cuestionar la estructura social en la que estamos.

 

Llevamos una vida objetivamente miserable, por aquello de la resignación del encierro y al agradecer una existencia que no merecemos. Pero entonces, la influencia de esas cadenas físicas o mentales que no permiten una libertad, que degradan la condición de ser humanos y nos lleva a aumentar esa condición de esclavitud, hacen pensar qué es lo peor que puede pasarle al individuo: sentirse satisfecho o estar agradecido con lo que nos toca.

 

Nos adaptamos por aquello del quédate en casa para ver pasar las empresas quebradas, aumento de desempleo, cuándo salir y cuándo no, abandonar la vida social al visitar a nuestros familiares, dar un abrazo a un hijo o un nieto, disfrutar de aquellos pequeños placeres que nos alegraban, cuidando una gripa que rara vez da, preocupándonos por lo ocurrido en otros países y esperando a que no nos toque, abandonamos una normalidad que esta lejos de regresar y lo que es peor, dejamos de confiar en el sistema de gobierno, añorando la existencia de nuevos líderes arraigados y comprometidos.

 

Vamos en una pasividad resignada, viendo pasar como los derechos son conculcados, y con una predisposición sicológica a recibir lo que se aproxima, un continuar silencioso de la ideología de un poder que doblega, que impone sus medidas a fuerza de leyes y decretos, pero sin que aumente la satisfacción de ese trato preferencial de una sociedad que observa como el sacrificio se esfuma, sin resultados y un regreso a la insatisfacción generalizada.

 

¿Nos queda preguntarnos qué nos sujeta al cuerpo y a la mente?, y cuáles son los valores que arrastramos como vestigio de hombres que hacen parte de esta sociedad actual, o como otros dicen, vivir en la época que nos tocó, pues eso fue lo que nos entregó la historia. Una manipulación desde lo social y lo cultural, de la forma de pensar y hasta de criticar el sistema, de confiar en los administradores y gobernantes, o entender que esa esclavitud ha generado un cambio en el pensamiento crítico del hombre.

 

Es hora de abandonar y dejar atrás el miedo a pensar por uno mismo, a evitar la autocensura existencial para eliminar los obstáculos que no dejan liberarnos de la esclavitud, consolidar el sentido de la existencia y hacer ese viaje hacia aquello que nos hace sentir bien; a traer la coherencia de pensamientos, ideología y las palabras, pues ahí radica “la valentía de superar a tiempo las cadenas del esclavo” (B. Regader)

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