PROMESAS PARA UN AÑO NUEVO

Terminó el 2022 con una serie de novedades: murió la Reina Isabel, falleció Pelé, y Benedicto XVI, Argentina fue campeón mundial, presidentes de izquierda y otros de derecha que nos les fue bien, las falsas noticias de desarme etc., querer leer El Quijote y no hacerlo y los infaltables reclamos del por qué hice o deje de hacer y de igual forma las promesas para ese nuevo año que viene, esto es, 2023.

Pero qué queda de esas falacias prometidas, nos faltó posicionar la vida o construir nuevos mundos, dejar de vivir las utopías prometidas o entender las distopías de la existencia, amargos reclamos y resentimientos para prometer un nuevo inicio de vida, casi siempre con los mismos argumentos de cada año.

 

«Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo.” (Grammsci), sin embargo, de todas esas falsas promesas y nuevos deseos qué queda, pues esas ideas convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial, donde se consume sin balance en gastos e desface en los ingresos y queda la pregunta de siempre, si esto hizo perder el sentido de continuidad de la vida o si por el contrario seguimos creyendo que entre un año y otro hay elementos continuos en donde se comience una nueva historia o si esos buenos propósitos siguen en pie cada vez que se recuerdan o se lamentan.

 

Pero entonces cómo superamos ese nuevo encuentro entre humanidades, entre deseos y placeres. O mejor entre ideas postergadas y las que van naciendo, con una misma línea fundamental sin paradas bruscas o sin que se rompa ese intervalo de la luz cegadora de la subsistencia; y la respuesta no es otra que cada mañana sea un nuevo año, hacerlas cuenta conmigo mismo sin que exista un día preestablecido, en el que se escojan las paradas y sumergirme en esa animalidad interna para regresar más sano y vigoroso, el solo pensar que cada nuevo día sea solamente eso, un nuevo día.

 

Para posicionar la vida, hay que encontrar esa aprensión y desasosiego permanentes que hacen sentir aquello que invadió la vida (Zweig) para peregrinar hacia otros continentes, hasta que finalmente agotados y desesperanzados vamos hacia ese profundo investigar de la existencia del hombre, para encontrar aquello que desemboca lo revolucionario y nos permite la construcción de esa libertad individual, pues el olvido es el destino de casi todos los seres humanos en virtud a que no sobreviven a esa memoria colectiva a la que estamos acostumbrados, y es la perfección de cada año la que siempre esperamos.

 

Como se ha dicho las promesas para este nuevo año no pueden quedar supeditadas al termino del mismo, sino comprender que todos los días es el inicio de ese año, ya que la hiperproductividad de cualquier actividad que desarrollemos nos llevan esa rentabilidad dinámica y propia del consumo de la vida misma, cada segundo, cada minuto, cada hora y cada día estamos en búsqueda de esa productividad vertiginosa que evapore esa anestesia que nos hace deambular sin ningún tipo de finalidad y nos permanezca en el tiempo en el que siempre ganamos a pesar de las circunstancias adversas.

 

Se concluye que no hay que esperar a que llegue ese nuevo año para cumplir las promesas incumplidas, para refrendar otras o para intentar unas nuevas, pues con cada amanecer aparecen las oportunidades que permitirán cumplir las mismas, ahora bien, a eso es a lo que le apuntamos con cada nuevo día.

 

¡Siempre lo mismo! ¡Siempre hay que aparentar la posesión de un fin! ¡Siempre el camino rectamente marcado!». (Alejandra Pizarnik)

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