Una reflexión sobre la evasión de la responsabilidad, la vida digital y tres metáforas psicológicas para pensar la conciencia, la resignación y el silencio social.
La frase “yo no tengo la culpa” parece una defensa cotidiana, pero en realidad condensa una tensión mucho más profunda: la dificultad del sujeto contemporáneo para reconocer su participación en aquello que critica, reproduce o tolera. En sociedades atravesadas por la aceleración digital, la polarización y la fragilidad de los vínculos democráticos, la responsabilidad tiende a desplazarse con facilidad hacia agentes externos.