QUÉ HARÍA JESUS, SI SE BAJARA DE LA CRUZ?

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Antes de responder a este interrogante, debemos preguntarnos cuál fue la razón para que Jesús fuera a parar en la cruz. Sea lo primero decir, que era una de los formas más degradantes que utilizaban los Romanos para castigar a una persona, aquella que había cometido un delito, había atacado a un ciudadano de Roma o el otro que atacaba el sistema de gobierno, su idiosincrasia, su religión o su sociedad, por blasfemo, sedición o promover asonadas, en alguno de estos argumentos debe encuadrar la conducta desplegada por Jesús.

 

Sin embargo, la base fundamental es el pensamiento de Jesús, ese que fue capaz de mover las masas, de agitar conciencias, de cambiar la forma de pensar y de actuar, de tener una gran cantidad de seguidores que lo defendían, promovían sus enseñanzas, las respetaban y hacían respetar, por creer en lo que creía y hacer creer a los demás que hay una nueva vida, que la vida es lo cotidiano, que los dogmas no existen y lo más importante desarrollar la idea del hombre para el hombre.

 

De otro lado, hay argumentos desde lo religioso, desde los fariseos hasta los saduceos y las leyes de Moisés, defender la tradición y ley, se rechazaba todo tipo de innovación y en efecto eso fue lo que llevó al ensañamiento contra Jesús, esto es de Herodes a Pilatos, latigazos, cargar el madero entre otros; el sistema político, valga decir, el Consejo Supremo (Sanedrín), el Sumo Sacerdote grupo de confianza de las huestes romanas, o el eslabón entre lo socio-religioso  y los judíos, se creaba entonces una inestabilidad en el gobierno; además había una naturaleza divina, se mitificaba al hombre para hacerlo parecer como hijo de Dios, situación que estaba en contravía de lo religioso de la época.[1]

 

Ahora sí, vamos al quid del asunto, Jesús vino a este mundo a cambiar al hombre, a crear conciencia acerca de su importancia terrenal, de hacerlo partícipe de la sociedad y sus necesidades, de desarrollar su personalidad conforme a las normas éticas y sociales, aplicar los principios de solidaridad, comunidad y alteridad, respeto del ser humano y sus sistemas de gobierno, de tener su propia religiosidad, compartir especialmente con el pobre y con el rico, dar de lo que nos sobra, ayudar al desvalido y al enfermo, tener compasión, ser humildes y no soberbios, olvidarnos de nosotros y entregarnos a los demás, desplegar la generosidad y evitar los egoísmos.

 

Nos preguntamos si en la sociedad actual todos esos principios descritos por Jesús se cumplen, si estamos viviendo en Palestina del aquél entonces (Siglo I) o en Colombia del Siglo XXI parafraseando a Juán Pablo II, nada más parecido a la realidad, nos enfrentamos a violaciones de derechos humanos, violaciones de género, exclusión de grupos sociales y de sistemas de salud, enriquecimientos ilícitos, corrupción rampante en todos los estratos, aumento de la pobreza y de la riqueza, lo mal repartidos los auxilios estatales y de ONG´s, hambre por todas partes, violencia generalizada.

 

Jesús se estaría dando golpes de pecho, pues el ser humano no entendió su filosofía ni sus sacrificios, no creyó en su palabra ni sus enseñanzas, montón de ovejas descarriadas las que se ven en la sociedad, los pastores no guían a su rebaño, entiéndase esto como gobernantes, legisladores etc., la conciencia social se acabó aunado a un Estado social de derecho que no se cumple, políticas de gobierno que no coinciden con la realidad del país, educación que no se imparte con calidad, y lo peor, el individuo se está apartando de lo religioso para creer en otras cosas, en  priorizar su escala de valores, endiosar el dinero, el placer y lo libidinoso, en aumentar el egoísmo y propender por alimentar el ego, es decir, todo alejado de la realidad del pensamiento que enseñó Jesús.

 

Por último, Jesús en este plano terrenal sería un maestro, aquél que crea conciencia, que invita a sublevarnos frente a la opresión y la desigualdad, a criticar a nuestros gobernantes, a plantear soluciones y aplicarlas, a convencer con ideas y ejemplos no con la violencia, pero lo más importante desarrollar al alteridad, esto es, entregarnos al otro por el otro y desarrollar el amor, es decir, amar a los demás como yo queremos que nos amen.



[1]. Eduardo Arens, autor de “Los Evangelios Ayer y Hoy”, explica que éstos, por su propia naturaleza, no deben entenderse como fuentes históricas imparciales ni como libros de historia, sino como testimonios de fe que han escrito los evangelistas, cada uno desde su propio punto de vista.

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