MENOS PALABRAS Y MAS ACCION

LA FICHAEstamos esperanzados en procesos de paz, en erradicar el microtráfico de estupefacientes, de acabar con la pobreza y disminuir los índices de desempleo, en creer que los políticos dejarán de ser corruptos, que las personas que elegimos para la cámara y el senado harán lo que diga el pueblo, pues “el pueblo es la voz de Dios” alguien dijo un día y en qué mentira se ha vuelto este aforismo.

Creemos que no va a hacer reelección, que unos ministros dejan sus cargos para convertirse en caballeros de otros, que con dar casas a los desprotegidos se garantiza la votación y reelección de un mandatario, que con ofrecer dineros y penas irrisorias a los exguerrilleros, exparas y todos los exs que se utilizan dentro de la jerga citadina de una sociedad indolente, los más atrevidos proponen reelecciones, modificación de la constitución, referendos y otra serie de mecanismo para garantizar que haya menos palabra y más acción.

 

Independiente de qué es lo que quieren los políticos, los asociados debemos considerar cuál es la participación del hombre dentro de esta sociedad llena de publicidad engañosa, campañas de desprestigio, peleas entre los rivales políticos, insultos van, ofensas vienen para eso si sirve las redes sociales, cuando deberían utilizarse para un fin más para transmitir conocimiento, cambiar conciencias y desarrolla el potencial intelectivo del ser humano.

 

Vivimos en un mundo de desprestigio generalizado, cambiando los valores sociales, valen más el dinero, la posición social que el ser individuo, vemos noticias donde la escala de valores ha sido menguada desde todos los puntos, los argumentos no sirven frente a la irracionalidad, la angustia existencial generando stress, desde lo laboral hasta lo familiar, desde las relaciones sociales hasta la indigencia, desde la angustia existencial frente a lo que ánima la existencia.

 

Qué hablamos, cuáles acciones realizamos, qué tan importante es el desgaste diario de lo verbalizado frente a lo actuado, es decir dejamos alejar  la racionalidad, frente a tareas poco convencionales, asistencias alejadas de la realidad, nos convertimos en agresivos personajes por no aceptar a los demás, por no proteger su intelectualidad y eso que nos encontramos en el siglo del conocimiento, esto si es una utopía, nos dejamos vencer por la formalidades frente a lo intrascendente, a lo que no causa peligro, un perjuicio llevado por la insistencia de la subjetividad muchas veces con tintes personales, un daño que no existe, un seudoperjuicio aunado a la irrealidad.

Estrellarnos contra las paredes de la vida, es la mejor forma de quitarnos la armadura amarrada a un ego y soberbia.  Por ello a veces necesitamos un golpe (Satoris según los japoneses) para tomar conciencia que con humildad debemos mejorar.  Dónde estaremos en un mundo cercano, pues el “futuro se construye con el presente continuo”, si no aceptamos nuestra propia realidad, aquello que algunos han llamado principio de terrenalidad (Morin), o como otros dirían dónde estaríamos si no se contextualiza la realidad social con el querer del hombre.

 

 

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