OBEDECER, CONOCER Y LO QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR

En este universo globalizado en donde las tendencias cambian todos los días, también los conceptos lo hacen y entendemos desde su concepción que la obediencia lleva implícita una orden de una persona que represente autoridad, o dicho de otra manera obedecer las leyes de la naturaleza o las sociales o las familiares, además que a la misma se le hace un proceso de intelección y cognición para cumplir esta.

 

De otro lado, conocer es saber de transformaciones sociales y culturales en apoyo de un desarrollo sustentable tendiente a verificar la información como expresión de libertad y de diversidad lingüística; pero ese conocer también puede aplicarse a la introspección del ser humano, esto es, saber qué somos, quiénes y qué queremos o cuál es nuestro proyecto de vida y qué tanto le hemos trabajado al mismo.

 

Para entender todo lo anterior, también es importante saber el valor del dinero y su incidencia en mi desarrollo individual pero también que “hoy hay pocas cosas que el dinero no puede comprar” (Sandel), pues hemos pasado de economías de mercado a sociedades de mercado, en donde todo tiene un precio inclusive hasta la conciencia, de ahí entonces que nos preguntamos hasta dónde nos lleva ese pensamiento de mercado.

 

Las sociedades actuales tienen un dilema de participación exponencial, entre más obedezco más productivo soy, con más participación individual estoy conociendo a los intervinientes sociales y entre más dinero más poder adquiero.  Son eventos esgrimidos dentro de una realidad que se convierten en experiencias difíciles de creer y de narrar, pero también con proyectos de vida que van cambiando de acuerdo a esa mal llamada modernidad y su influencia en el universo actual.

 

Las migraciones del hombre van representando esa madurez adquirida a través de los tiempos, con base en biografías de hombre ilustres o espejos históricos que se van adaptando a las necesidades de las naciones e inclusive hasta de las mariposas monarcas, que con su aleteo pueden cambiar un clima en otro lugar; sin embargo esa brecha entre ríos y pobres no se ha podido quebrar, pues recordemos que el poder se basa en obedecer con razón o sin razón y también en el conocimiento, ese mal endémico que se apoderó de la sociedad, pues este fue mal interpretado y usado, ahí entonces la conciencia de obedecer las órdenes de los líderes o cumplir con las normas sociales y principios éticos, o ser sujetos asociales en donde solo importo yo y nada nada más.

 

Las transformaciones han permitido permear gobiernos, estados y conciencias pero ello no es óbice para que el ser social (hombre) comprenda cuál es su importancia como sujeto de acción en la sociedad, en las políticas mundiales y nacionales, pero para ello debe aplicar los tejidos sociales, grupo de personas con tendencias afines, pensamientos idealistas que van generando un cambio dentro de la estructura social del enseñar y aprender juntos, pero también saber cuándo obedecer, si las órdenes se ajustan a los parámetros sociales o determinar cuál es su valor dentro del argumento humano-social para poder aplicar ese cambio de actitud y de sistema que todos llevamos arraigados por el solo hecho de ser miembros del grupo humano;  además con los resultados de los compromisos sociales por el país se genera una forma diferente de ciencia humano-social, pues con ello acercamos el tejido social con el aporte de grupos interdisciplinarios que desarrollan actividades para aguantar el dolor y disfrutar del sufrimiento para vencer a esas fuerzas internas y externas que obnubilan la conciencia del actuar bien.

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