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Concepto de Formación en Emilio o de la Educación de Jean-Jacques Rousseau

20 Jun

Para hablar de Rousseau hay que conocer sus orígenes: nació el 28 de junio de 1712 en Ginebra en el seno de una familia francesa, su madre Suzane Bernard fallece y su padre fue obligado a expatriarse, situación que lo dejó a la merced de personas de buen corazón, a convertirse en autodidacta, tener varios trabajos como grabador y bajo el auspicio de estas se prepara académicamente.emilio

Sin embargo su vida no fue de riquezas ni opulencias, antes por el contrario se vio acosado por la humildad y la mendicidad, y fue allí desde donde conoció el concepto del hombre natural e igualmente entender el concepto de educación y de la sociedad, que determinaron la escritura de sus dos obras maestras “Emilio o de la Educación” y “el Contrato Social”, por aquello de pensar que la ciudad era un elemento vital de la vida (Quiceno, 2003) y contradictoria al mismo tiempo, pues las experiencias allí obtenidas a veces no concordaban con la realidad.

 

Una realidad distinta por sus caminatas, los lugares que frecuentaba y observando al otro en ese viaje que hace por su vida; que lo llevaron a cambiar de ciudades con frecuencia y hacer largos viajes a diferentes naciones, todo con el fin de culturizar su pensamiento y aferrarlo al concepto mismo de ser y de aprehender conocimiento. Aunque no fue un ser religioso su espiritualidad no era su fuerte, antes por el contrario se culpaba a veces por falta de productividad, lo que le permitió perfeccionar la forma en que escribía.

 

De la influencia de su vida de niño, fue la base para narrar todo lo que describe acerca del desarrollo de la infancia y adolescencia en su libro “Emilio”, igualmente de sus experiencias en la escuela y los docentes, de la forma cómo explicar las experiencias y sus fenómenos, auspiciando un entendimiento hacia la naturaleza y la relación entre sujeto y objeto, nociones importantes en la intelección de este pensador.

 

Su “destino” viene asociado a sus viajes, a sus observaciones, a la intuición y el beneficio de la meditación, aunado al producto de su propia vida, una disciplina en donde todo lo aprendió por sí mismo alejado de instituciones y que permitió desarrollar su propio concepto de formación, pues debe recordarse que este no fue a la escuela sino en sus primeros seis años.  Se sabe de acuerdo al análisis de la vida de Jean Jacques Rousseau que esta fue complicada, llena de contrariedades y contradicciones, además de sus confusiones y extrañezas que lo alejaban de sus propias realidades, todo esto ayudó a enseñar su pensamiento a través del caudal de libros que escribió con la importancia de los ya citados.

 

Hablar de Formación, es entender que el objeto de la educación es el hombre, y que este su fundamenta en la pedagogía separado de la escuela; en donde la imaginación es importante, al imaginarse la relación entre el alumno y docente. Es cierto que “Emilio o de la Educación” es un antitratado de la educación desarrollada en la época en que fue escrito, también que muchos de esos planteamientos aún tienen vigencia en la sociedad actual, pues concibe la educación fuera de la escuela.   “A las plantas las endereza el cultivo y a los hombres la educación”, palabras a las que se refiere Rousseau en “Emilio o de la Educación” para significar que el hombre debe valerse por sí mismo, y que la educación no se debe pensar precisamente en la escuela.

 

Encontramos que el fenómeno de escuela al que alude Rousseau está desligado de la institucionalidad y al que hace referencia precisamente Wilhelm Von Humboldt en su tratado “Sobre la organización interna y externa de las instituciones científicas superiores en Berlín”, ya que permiten la conexión entre lo objetivo y subjetivo, con el único fin de identificar los principios científicos dentro de los claustros superiores, tendientes a modificar el pensamiento de los hombres. Es esa permanencia en la investigación la que refleja por qué el alumno transita a través de experiencias y cotidianidades, apropiándose de la palabra educación.

 

El mundo de las ideas es un sitio importante para Rousseau, pues estas influencian la entidad biológica del hombre, entendida esta como el conjunto de elementos espirituales, racionales y naturales que hace que su intelección universal tenga una dirección y un sentido, de la mano del lenguaje como elemento indispensable para la comunicación. No podemos olvidar que es precisamente este último elemento el que es relevante dentro de la vida del pensador en referencia, pues son precisamente esas nuevas ideas las que inducen a un modo práctico de vida, para en últimas edificar un nuevo método o pedagogía. De otro lado, la manera de organizar las ideas es una característica del hombre, y en consecuencia estas podrán ser sólidas o aparentes, y el juicio será activo o no dependiendo de las circunstancias en que se presenten.

 

Interrogarse acerca de la existencia del hombre y qué es este, fue uno de los grandes interrogantes atribuidos a Rousseau, sin embargo, su precisión siempre se basó en el concepto natural del mismo. Pues los fenómenos existenciales no pueden estar desligados de su propia vida, de lo político y social e incluso de la libertad, su ética y su moral y los efectos que lo antiguo y lo clásico han tenido en este. De ahí que nuevamente su lenguaje y su significado atribuyan la comunicabilidad de conceptos en las habilidades sociales del hombre, como también su visión hacia el mundo y su interpretación del sentido común carácter extraño e ingenuo de la inteligencia.

 

Es la guía en la que fundamenta el concepto de formación Rousseau, pero no precisamente de varios sujetos sino de uno solo, es decir, establece que “Observemos la naturaleza, y sigamos la senda que nos señala” (Rousseau, 1971, p 48), pues es esta la que nos enseña sobre educación, ya que su invariabilidad la hace perfecta y en consecuencia es su pedagogía la que debemos seguir, pues su observación y su estudio hacen del objeto científico el elemento constructor del concepto de libertad. Ese concepto de libertad es constante en el Emilio, pues esta es necesaria en el desenvolvimiento y evolución del concepto educativo, y por ello el poder del medio ambiente en el niño, lo lleva a configurar su propia aprehensión de fenómenos y adecuarlos a su propia realidad.

 

Vemos como el Emilio ha evolucionado, no sabemos si Emilio era el nombre del sujeto ejemplo del contenido del libro, o un nombre ficticio o seudónimo aplicado por Rousseau para identificar a los Emilios del mundo, pues la educación como método de formación es universal y sus ideas se aplicarían en todos los países y sistemas educativos. Y es precisamente esa opinión dentro del intríngulis educacional el que hace que el libro en mención sea referencia constante para los docentes, sosteniendo el desarrollo intelectual de los alumnos, aplicados sus ejemplos y conceptos y como parafraseaba Parménides, la opinión es variable y por ello nos aleja de la esencia de las cosas. Un factor importante en el pensamiento desarrollado por Rousseau fue el principio del asombro, ese que hemos perdido por aquello de la ciencia, de la tecnología y del aburrimiento social, enfrentado al hecho que ya no nos impresiona nada, no nos duele nada y además somos indolentes frente a lo que ocurre a nuestros ojos. Es ese asombro el que desarrolló todo el quehacer filosófico de este gran hombre, desde el conocimiento de las cosas hasta las opiniones de los hombres, el respeto por la culturalidad y la naturalidad humanas.

 

Nos preguntaríamos hoy acerca del horizonte de la comprensión, la situación y la experiencia (GOMEZ, 1998)  y encontraríamos que en la medida en que estos cambien, también cambia el sentido del filosofar, aquél que pretendió Jean-Jacques enseñar a través de los diálogos existenciales no solo con Emilio sino con los interlocutores que lo escucharon en las charlas que dio en las diferentes instituciones, pues comprendía que el conocimiento hace parte integral del individuo y en consecuencia este debe ser transmitido.

 

Y es que la formación a la que alude Rousseau nace en el núcleo del hogar, de los cuidados de la madre y de su relación con la familia. Hace importante referencia a esa relación entre el ser humano y los integrantes de su familia, pues desde allí se gestan aquello principios que delimitan el discurso, a las reglas de la experiencia y en consecuencia da claridad al pensamiento y a la imaginación. Por ello entonces, el asombro hace parte de la integralidad humana, ya que esta evoluciona desde la familia, hacia la escuela y la sociedad.

 

Hablar de educación en el concepto de Rousseau, es llevar a la transformación del hombre hacia su mayor expresión, es hablar de valores utópicos acerca de la conversión de la instrucción como también de aquello que es objeto de pensamiento. Nos encontramos en el siglo del conocimiento al que alude Oppenheimer y en efecto esa evolución conceptual nos llevar a preguntarnos cómo ha sido la educación, cuál ha sido su implicación a través de la historia y además ello nos lleva a convertirnos en pensadores de la educación. Esa problemática ha venido desde comienzos de siglo, esa falta de política estatal ha determinado que lo educativo pase a un segundo plano, problema que ocurre no solo en Latinoamérica sino en todo el mundo. Los valores educativos dejaron de ser importantes y en consecuencia la Formación como elemento integrante del desarrollo de lo educativo, se convierte en ese sujeto dislocante entre formación y educación.

 

Si bien es cierto podría pensarse que formación y educación son similares, lo cierto es que son términos conceptuales muy diferentes. Mientras el primero para Rousseau es entender el proceso, el segundo es aquello que afecta al individuo. De ahí viene, la importancia del desarrollo del principio formativo al que hace tanta referencia el pensador citado en el libro “Emilio o de la Educación”. Enfrenta el desarrollo del niño con su entorno familiar, a esta con su adolescencia para presentar esa desadaptación que vive el joven a través de su vida, pues esa dinámica cognitiva es la que permite que seamos dueños de nuestro propio destino y experiencia para conquistar con ello el conocimiento.  De hecho, es la filosofía la que hace que el hombre obtenga su formación desde sus principios éticos y morales, a la cual se han referido muchos pensadores como Platón al identificar la singularidad del ser humano y su participación en el medio social.

 

A quién se enseña es una de las preguntas a las que respondió Rousseau, al tratar de identificar desde la antigüedad la acepción de formación, la cual identificaba Aristóteles como dar formar. La importancia del autor en este caso el dicente, acerca de la manera como aprehende conocimiento, cómo evoluciona y cómo interpreta hace que la mayéutica como principio identificador de los fenómenos lleven a este a establecer la universalidad del espíritu, con el único fin de construir pensadores que se interesen más por los problemas de las humanidades que de las ciencias. Nuevamente la existencia de debilidades pedagógicas en los docentes, determinadas por las circunstancias en que llegan a esta profesión, hacen que la formación no cumpla con los objetivos por un lado y por el otro, las metas establecidas por las instituciones encargadas de administrar las mismas. Ello hace que de modo perjudicial, descienda lo espiritual (Humboldt, 2005) hacia una realidad inferior, es decir, no determinar los elementos relevantes en los cuales se edifica la escuela y en consecuencia la idea de administrar educación.

 

La teoría del constructivismo no es una metodología, más bien es un concepto epistemológico que da cuenta de la manera de construir conocimiento y hacer aprendizaje, Rousseau utilizó mucho de ello al desarrollar el concepto de formación y así lo plasma en Emilio. Basta ver una de las caminatas que realizó con Emilio, pues después de hacerle dar varias vueltas a determinado espacio físico, llevándolo a interpretar el tiempo y el espacio se concluye que estaban cerca de la ciudad y que las expectativas que este tenía se habían disipado al comprender este ejercicio. “¡Ah, el corazón humano no se gobierna así! (Rousseau, 1971), significa que el momento debe ser preparado, que lo sembrado se recoge y aplica desde el concepto de virtud hasta el desarrollo de la ignorancia como atenuante de la preparación del individuo. Habla de peligros, como aquellos que no permiten establecer un enriquecimiento del ser y que se encuentran en el camino, aquel que todos debemos atravesar como con la espada de Damocles, efectos y preocupaciones que forman al joven, como también encontrar la manera de despegar aquello que distrae la memoria, lo histórico, lo familiar y lo educativo.

 

Revisado el pensamiento de Rousseau entendemos su necesidad de aceptación en la sociedad, como también la influencia de esta en su contextualización de los diferentes fenómenos. La búsqueda de ese camino de retorno que siempre persiguió le permitió participar en la investigación de su sinrazón y en la revelación a profundidad de su sentir filosófico; valga decir ese concepto de lo absoluto que lo acompañó hasta sus últimos días. Y en efecto, al adquirir el hombre un poder o una habilidad se convierte en la herramienta que lo perseguirá por siempre, ganando con ello el sentido de conciencia al cual referencia en Emilio, como también la reconciliación consigo mismo y reconocerse así mismo en el otro. Esa diferencia de clases sociales no estaba muy marcada en el concepto de sociedad, al punto que de la lectura del Contrato Social presenta los deberes y derechos que se tienen entre el sujeto de gobierno y el Estado, pues esa relación simbiótica no desaparece nunca, enseñanza importante en el Emilio, pues la formación hace alusión al pacto que existe entre la educación y el Estado, como también el desarrollo de las políticas y normatividades implementadas. Destaca como característica general de la formación ese sentido general de la mesura y de la distancia respecto así mismo, hasta elevarse por encima de cómo lo ven los demás, esto es, los puntos de vista hacia los cuales se mantiene abierta la persona formada, hasta integrar esa conciencia hacia una analogía de distinciones en el interior de la esfera individual y social.

 

El frontal ataque que realiza Rousseau a las instituciones educativas de su época en especial a las religiosas y a las de carácter oficial, tienen de sí total vigencia con nuestro mundo educativo, pues tanto en ese entonces como ahora la función de estas, dogmática y diseccionada respectivamente, se encontraban en total contravía con el fundamento de la propuesta rousseliana de la libertad para favorecer la formación de los seres humanos.

 

La situación que se presenta con relación al pensamiento de Jean Jacques Rousseau y las instituciones, se enfrenta precisamente a la forma en que este entendía la ciencia, además de lo que sucedía en el entorno del dicente, pues si lo natural es aquello que envuelve al hombre, de la misma manera la educación está implícita en esa formación. En consecuencia, el concepto de pedagogía se revisaba con el día a día, con ese manuscrito complejo que tenía en su conciencia, en especial de las circunstancias que rodean al ser humano en cuanto a aprehender conocimiento se trata. No podemos olvidar, que Rousseau siempre predicó la libertad del ser humano y de la misma manera la forma en que este entendía su medio ambiente, cómo se desenvolvía en el mismo y en consecuencia no había necesidad de una institución, de una escuela con paredes, al contrario era una escuela de puertas abiertas.

 

La naturaleza misma constituía precisamente las paredes de la escuela, las cosas que en la misma existen es la herramienta del entendimiento aplicable al concepto y a la concepción; las normas y leyes naturales se reducen precisamente al conocimiento y por ello satisface de alguna manera no solo las propiedades de la ciencia sino de la intelección y volición del individuo, interpretando el significado de los fenómenos que convergen con la historia y la evolución de la humanidad.

 

El pensamiento de Rousseau es importante en términos de habilidad, pues convergen en el individuo esos elementos que reconocen las capacidades innatas de este; en términos de productividad, ya que hacen que lo natural haga parte de lo espiritual del hombre; en términos de conocimiento, pues es esa asimilación de fenómenos, de instrumentos, de conceptos y significados los que identifican al ser humano como ser social por un lado y por el otro sujeto de conocimiento.

 

About Diego Mario Zuluaga O.

Lic. Filosofía y Letras. USTA Esp. Universitaria Epistemología y Gnoseología. U. León Barcelona Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB
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Posted by on junio 20, 2017 in PEDAGOGIA

 

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