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EL FENOMENO DE LA CORRUPCION

07 Ago

“La corrupción constituye un fenómeno criminal orientado a la obtención de beneficios económicos mediante el uso desviado del poder por quien ejerce funciones públicas”[1], entendiendo a estos últimos como aquellos individuos encargados de administrar los bienes del Estado, o cumplan funciones transitorias o permanentes. Sin embargo, muchos de estos son nombrados mediante el voto público por un pueblo necesitado de representantes honestos, que se convierten en aves de rapiña ante la posibilidad de desviar dineros u otros servicios a los bolsillos propios. 

Pero ¿cómo identificar a los corruptos?, ¿cómo saber que estos no torcerán su conciencia por esquilmar el bien público?, claro, aquellos que ejercemos el sufragio consideramos que estos son honrados, justos y probos, y en su momento se dejan tentar por los vicios y compadrazgos. Ahora bien, el principio de buena fe se ve asaltando cuando nos damos cuenta que no eran ni lo uno ni lo otro y ejemplos de ello hay muchos, basta ver los noticieros nacionales e internacionales.

Ahora bien, hay que reconocer la importancia no solo de los funcionarios sino de las organizaciones públicas, pero también las herramientas que integren procesos de recuperación, gestión y socialización de los procesos; fortalecer también las capacidades de las personas y su relación con el trabajo; “enseñar nuevas técnicas de competencias y comportamiento organizacionales”[2]; articular las diferentes áreas y los actores dentro del sector público, para que entre todos, ese control sea generalizado y se evite el desvío de dineros, contratos, compras etc., es decir, todo aquello que de alguna manera haga pensar que hay un brote de corrupción.

Las acciones entonces deben ser generalizadas, desde la base social, pasando por los diferentes actores, sumados a los esfuerzos realizados desde las regiones hacia el nivel nacional, en donde las campañas anticorrupción sea la guía para erradicar este mal. Lo que observamos es que no basta ser buena persona, tener un perfil social alto, tener títulos y doctorados para caer en las garras de este mal, pero entonces, porqué sucumbimos a ello. La respuesta es que olvidamos los principios éticos y morales, olvidamos el compromiso adquirido por quienes nos eligieron, se nos olvidan que el bolsillo es para obras sociales, sufragar las necesidades apremiantes para con ello satisfacer necesidades básicas, alegrar la vida y aumentar el bienestar social.

¿Quiénes son los corruptos, el sistema o la persona?, pues corruptos son las personas, corruptores las personas y corrompidos las personas y el sistema y sus instituciones. Todo en el sistema político es permeable, no hay nada seguro, pues hecha la ley hecha la trampa reza un adagio popular. No dejamos que las organizaciones funcionen cabalmente con principios de igualdad y equidad, de eficacia y eficiencia, sino con procedimientos encubiertos y subrepticios, todo un mundo oscuro del cual se aprovechan los corruptos, corruptores y corrompidos para desfigurar la estr5uctura social para la que fue creada la política y la democracia.

La corrupción es una lección de cómo destruir una sociedad, un colapso que no tiene precedentes ni solución. Ojalá pudiéramos decir fuera de Colombia la corrupción.

[1]. Caparros, F. E. El Derecho Penal y la Política Criminal frente a la Corrupción. Grupo de Estudio Sobre la Corrupción. Universidad de Salamanca. 2012.

[2]. Gestión Pública Iberoamericana para el Siglo XXI. Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo. 2010.

 

About Diego Mario Zuluaga O.

Lic. Filosofía y Letras. USTA Esp. Universitaria Epistemología y Gnoseología. U. León Barcelona Esp. Planeación, Desarrollo y Administración de la Investigación. UMB
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Posted by on agosto 7, 2017 in PEDAGOGIA

 

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