HISTORIOLOGIA DE MOMENTOS HISTORICOS

Se debe entender la historiología desde la narrativa oral y además construir principios de identidad y terrenalidad. Ahora bien, hay que definir la historiología como aquello que sucedió y ha quedado en el recuerdo del hombre, bien por sus experiencias, por documentos, transmisión oral o escrita.

De allí que la historiología colombiana nace a partir de la precolombianidad indígena (Chibchas, Caribes etc.), pues nuestra cultura parte de allí, esa terrenalidad en la que se construyó el hombre colombiano y que lo ha determinado a través de los tiempos, de su historia, su cultura, su folklore, sus costumbres y experiencias.

 

También influyó la época de la conquista, hombres europeos que castraron de una vez la cultura, el pensamiento e impusieron las normas, religión y otras prácticas a la fuerza, avasallando mujeres, mutilando e hiriendo a aquellos que se les oponían, arrebatando riquezas, es decir, una época de violencia generalizada para imponer ese nuevo orden social.

 

La pregunta que surge es si la historia de Colombia, ¿está plagada del sufrimiento de calamidades e injusticias por parte de quienes la formaron y poblaron? Las discusiones de la historiología universal y glocal, han demostrado desde la narrativa que en efecto ello ha sucedido. Basta recorrer la historia para comprender por qué Gabriel García Márquez aseguraba que el hombre latino no tenía identidad, estamos inmersos en las indicaciones de occidente, nos interesa más la ropa de marca y costumbres foráneas que las nuestras; pero al mismo tiempo el científico Ginas explicaba desde la genética, que deberían pasar 600 años para que el hombre latino tuviera sus propios genes y su ADN fuera de hombre latino, echando a un lado la descendencia española y de otros países que tanto daño le hicieron a las costumbres de la época de la conquista y con posterioridad (Colombia al Filo de la Oportunidad, editorial Norma).

 

El ser humano por naturaleza es un ser temporal, vive del pasado, del presente y de su futuro, olvidando que no hay futuro sino se construye con el presente continuo y que el pasado, es precisamente eso, pasado que sirve solo como experiencia y nada más.  De ahí, que el argumento de la “Historia del Tiempo Presente” coge vigencia tal como la concibe Hugo Fazio Vengoa, (2010) al definirla como aquello que influye en el pensamiento del hombre para interpretar su propia realidad, con base en los propios relatos de los actores que han influido en la percepción del hombre de sus momentos históricos.

 

Colombia entonces, ha vivido por demasiado tiempo unas épocas oscuras, en donde la violación de los derechos humanos ha sido la constante, el desarrollo social y cultural se ha visto alterado y no hemos podido identificar no solo las causas sino la solución. Hablar de paz en nuestro país es un sofisma de distracción, un aquelarre de discurso a los que se refirió el historiador José Antonio Plaza cuando escribió las Memorias para la historia de la Nueva Granada por allá en 1810, y demostró que la conquista y sus consecuencias nos habían perjudicado, que la religión impuesta había doblegado las consciencias y que las ideas políticas no eran las más sanas; nada nuevo se ha vislumbrado en la historia de Colombia en los últimos cincuenta años. Seguimos devorándonos como buitres los unos a los otros, el egoísmo indiscriminado no nos salva y mucho menos de nuestros comportamientos, basta ver lo sucedido en Rusia por parte de unos colombianos que se burlaron de unas japonesas. Ahí quedó demostrado que no hemos superado la historia, la cultura y las costumbres, seguimos siendo los conquistados.

 

Aparentemente vivimos en el mismo momento histórico, pero muy lejano de nuestra propia realidad. Olvidamos quiénes somos, seguimos siendo los nómadas en este universo; observamos como la historia del tiempo presente no se articula con nuestra propia historiografía, desligada de la experiencia y construye un sujeto maduro, una media de la pobreza que no ha superado sus índices medios y una lucha de clases como actor perjudicial precisamente de esa historia. No podemos prescindir de la estructura de la vida humana, hay que cambiar la óptica de interpretación y comprender nuestra propia temporalidad en este mundo en donde el paso por la modernidad y la contemporaneidad está variando los paradigmas existenciales, sin que nos permitan coexistir en el paraíso del tiempo y el espacio para la generación de nuevos continuos biológicos que caractericen la constitución social y cultural de los colombianos.

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