¿HASTA CUÁNDO LA CORRUPCIÓN?

¿HASTA CUÁNDO LA CORRUPCION?

“Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla” (Democrates).

En muchos países renuncian presidentes, altos dignatarios, directores de empresas públicas y privadas, jueces y fiscales y otros tantos fueron a parar a la cárcel como ejemplo ante esa conducta reprochable y maldita, la corrupción ganó la carrera, mientras que en Colombia ser corrupto paga, vivimos en la cultura de la corrupción.

Causa dolor de patria el ver a los corruptos menearse por el senado y las cámaras, pavonearse entre amigos y conocidos, entre pobres y ricos con el argumento que la corrupción todo lo puede, sin importarles el ejemplo y mucho menos la fama que viene detrás.

Basta rememorar a Democrates para entender que la corrupción viene desde hace mucho tiempo, mientras existan personajes con intereses públicos y privados en contra de los mínimos principios éticos y morales. Claro que el ser corrupto es precisamente eso, olvidarse de esos elementos esenciales de la existencia del hombre: vivir, ser feliz, ayudar al otro, procurar por el otro, es decir, esas categorías de esencia del hombre que se han olvidado por la influencia de los agentes externos (intereses privados más el dinero); de ahí que, Déscartes haya manifestado “si pienso, existo” (cogito ergo sum) para indicar que el hombre es una sustancia pensante que está en este plano existencial para reflexionar.

Y en efecto, a ello nos lleva el estado de la corrupción, fenómeno generalizado no solo en Colombia sino en muchos países, se disparó esta, basta mirar Argentina, Perú, Bolivia siendo estos los más cerquita y en Inglaterra en donde todo un grupo de políticos al ser señalados se apartaron de sus cargos, y entonces ¿por qué en Colombia no sucede esto? Tenemos tan arraigado el concepto de corrupción que este hace parte de nuestras creencias, vamos por el camino con cara de ovejas y alimentando un lobo en el interior, recordando todos los días los fines de Maquiavelo en su Príncipe, olvidando haber leído alguna vez al Principito de Saint Exupery, un techado de virtudes, invitaciones a la sana convivencia y en especial el respeto por el otro, al corrupto no le importa el otro sino lo propio.

La corrupción entonces (un abuso de poder) y la impunidad (nada de lo penal) son dos objetivos que persiguen aquellos sujetos de acción (en contra de la sociedad) para lucrarse a sí mismos, a un grupo de personas o empresas o causar detrimentos en las arcas generalmente del Estado, dejando que los “baobabs” a los que alude el Principito invadan el país, destruyan las bases de la sociedad y esquilmen las arcas del Estado, evitando que esos dineros o productos terminen verdaderamente a donde deben ir a parar, no al bolsillo de los corruptos sino al bienestar de los asociados, bien en planes de salud, bienestar, educación etc.

Llevamos décadas sin hacer nada, de mirar de soslayo a los gobiernos entrantes y salientes, a los gobernantes, a los políticos y altos dignatarios, convertidos en cómplices e idiotas útiles al no hacer nada, al no organizarnos e iniciar tareas conjuntas para enfrentar estas mafias que cada día empobrecen más a la nación y a los ciudadanos.

Es obligación destruir esos árboles de corrupción (baobabs), emprender una acción conjunta desde todo nivel (los de arriba y los de abajo), pero al mismo tiempo convertirnos en hacedores de transparencia, de idoneidad, de sentido común pero lo más importante cambiar ese chip arraigado en esta sociedad, en donde ser corrupto paga, ser corrupto es sinónimo de honestidad, es decir nos convencemos de ser cretinos de una sociedad que no ve y no reflexiona.

¿Nuevamente, hasta cuándo la corrupción?

 

 

 

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