FILOSOFÍA E INVESTIGACIÓN

“NO HAY MEMORIA A QUIEN EL TIEMPO NO ACABE, NI DOLOR QUE MUERTE NO LE CONSUMA» (QUIJOTE DE LA MANCHA)

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: diciembre 9, 2018

.Releyendo al Caballero Hidalgo de fuerte armadura, me detuve en la frase que da el título a este artículo, claramente se observa el momento en que Don Quijote entiende que todo lo que ha hecho ha llegado a su fin, y en consecuencia todos esos sentimientos encontrados como tristeza, odio, agonía, melancolía y otros tantos, para indicar ese estado de ánimo que produce el haber desperdiciado toda una travesía y aventuras sin un resultado fructífero.

De ahí que, todo ello se convierte en recuerdos lejanos, que acaban por desaparecer los rostros, las historias, las teorías, las interpretaciones y como si fuera poco el sentido de vida de cada ciudadano.

Ahora bien, el tiempo y la memoria se convierten en inexorables consumidores no solo de la vida, sino de nuestras ilusiones, plan de vida u objetos medibles de la existencia del ser humano.

Todo lo anterior para indicar que la vida del hombre es una mentira cuando por miedo del paso del tiempo no coincidimos con nuestro pensamiento positivo, cuando los ideales son diferentes a la realidad y cuando la sociedad no permite aliviar los índices de pobreza, educación y mucho menos sentido de igualdad.  Apreciamos la vida, pero no el paso del tiempo, apreciamos lo que somos y tenemos, pero olvidamos la memoria, los momentos históricos en que se funda la democracia, la historia y la política.

El filósofo griego Epicuro, de la línea hedonista, gozoso de los placeres superiores, afirmaba que ante la muerte no se debía presentar la tristeza si se había tenido una vida de placer, de disfrute de esos hechos que duelen al aparecer la muerte.

La vida no es un disparate si se ha vivido con ideales quijotescos, si lo realizado lo seguirán las generaciones, alimentando una eternidad que da sentido al vivir; pero también recordando que ser Quijote tiene su precio, luchar por la defensa de los derechos de los demás, defender causas pérdidas, pero al mismo tiempo alegrarse y acongojarse frente a la verdad, a lo que acabó y no se completó, en el pensamiento que se desarrolló pero que no fue asumido colectivamente, convirtiéndolos en un famoso discurrir ético, solo eso.

Sin embargo, cuando Miguel de Cervantes escribió esta novela, históricamente estaba en otra época, pero pareciese que viviera en la actual, basta darle una mirada al momento actual del país para ver luchas de poderes, enfrentamientos entre el Estado y la sociedad, guerra aquí y guerra allá, pobreza enfrentada a una riqueza desbordante, los ricos más ricos y los pobres más pobres por aquello de los impuestos, de decisiones económicas acomodadas, negocios taciturnos con tintes de legalidad, dineros comprando conciencias, y como si fuera poco, Estados luchando entre estos, unos imitándose a otros, pero ninguno con la claridad de dar tratamiento de democracia a la infinidad de problemas, y mucho menos interesados por la suerte de los asociados.

 

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