¿QUÉ NOS PASA A LOS COLOMBIANOS?

“La nuestra es una sociedad de tarados” (Victor Küppers)

Es un hecho cierto, por la vida van personas irradiando  confianza, entusiasmo, e impulsando a otros a ser mejores personas.

Sin embargo, estas son pocas frente a la cantidad de males que se reflejan en nuestra sociedad, empezando con la incapacidad para comunicarnos y poder transmitir esa pasión por la vida que algunos derrochan.

 

La pregunta que surge es, ¿qué hemos hecho los colombianos?, para merecernos el país que tenemos. Y la respuesta salta a la vista, una mezquindad en las políticas de Estado, un olvido total a la historia y una incoherencia entre la paz y la guerra. De otro lado, enfocamos la vida como queremos, al vaivén de los intereses y además escogemos lo que queremos ser, buenos o malos, inteligentes o no, generosos o egoístas, luchar por ser mejores personas o dejarnos permear como individuos.

 

Basta mirar al pasado para darnos cuenta que de lo ocurrido no se ha aprehendido nada, desde las negociaciones de los libertadores para buscar apoyo extranjero por la libertad, hasta la vulneración de los indígenas y esclavos, matanzas a diestra y siniestra, y eso que estamos celebrando los treinta años de una de las masacres más viles e injustas que se han presentado en Colombia, por intervención de grupos al margen de la ley, como también de intereses extranjeros.

 

Llevamos más de cincuenta años llorando a los muertos, viendo la sangre correr de campesinos, líderes sociales, miembros de las fuerzas militares y sin embargo no se ha podido evitar que ello continúe. Solo contar cuántos líderes sociales van en el transcurso del 2019 y sin contar la masacre de los policías en la Escuelas General Santander; se nos olvidó ese potencial bueno que tiene el ser humano, pues existen muchos que no hacen el esfuerzo de significarse, de reivindicar esa dignidad del hombre y ahí es donde aparece esa sociedad de tarados.

 

Un grupo de personas “desanimadas, angustiadas, cargadas de incertidumbre, presionadas, preocupadas, estresadas…” (V. Küppers), efecto de esa sociedad en la que vivimos, pues son seres que no ven, no saludan, se les olvidó las mínimas reglas de convivencia, cansados sin ganas de luchar. Ello como consecuencia de esa Colombia en la que estamos, en la incertidumbre social que observamos, pero también en esa desesperanza que nos está ganando la carrera.

 

Es claro, los colombianos estamos cansados de muertos, de falta de políticas que mejoren las condiciones de la sociedad, de bombas por aquí y por allá, de peleas entre los sectores políticos en donde los insultos van y vienen, de atentados y sus muertos y daños colaterales; generando una culpa en todas las instancias por aquello de no hacer nada, de creernos todo lo que dicen, de no pedir explicaciones y no conocer los detalles.

 

¡Hasta cuándo Colombia, seguiremos recogiendo nuestros muertos! La mano dura hace falta, pero también la blanda que permita ese diálogo, esa negociación entre las facciones, el reconocer a esa persona gratificante y apasionada que somos, pero también que lucha por reivindicar sus derechos y porque se respeten estos. No basta regresar a épocas oscuras de la historia del país, hay que recordar lo que se hizo para evitar ese perjuicio, y cuál ha sido nuestro papel dentro de todo ese entramado social que debemos reconstruir en esta aldea global en la que sobrevivimos.

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