EL MUNDO DE LAS PARADOJAS COLOMBIANAS

El mundo está lleno de paradojas de toda índole, desde la libre expresión hasta el veto en la escritura, la libertad individual frente a la colectiva, los derechos humanos contra la inhumanidad, la ley que se acomoda a los intereses políticos, el fenómeno de la igualdad y tantas otras.

Sin embargo, fue Karl Popper quien inmortalizó las paradojas y que han servido para bases científicas, jurídicas, sociales y educativas, pues fue uno de los primeros en indicar que estas se deben a los cambios sociales insinuados a través del bienestar o malestar de la sociedad, del desarrollo de la cultura y en especial del comportamiento del ser humano.

Hay que empezar por hablar si existe libre discusión, en términos de verdad y de su mentira, basta ver manifestaciones de estudiantes atacados por policías, como el último en donde un policial atropella a un joven que iba en una patineta, y que se volvió viral por aquello de las redes sociales, un prejuicio por el abuso de autoridad contra la irracionalidad del hombre como un poco de poder, ahí se habla del poder de los mandos medios, y entonces dónde queda ese perfecto acuerdo de opiniones, la fertilización de los conceptos y el consiguiente desarrollo de ideas (Millán, 2019) que dirigen al hombre hacia el respeto mutuo y la predisposición  al compromiso.

Sin embargo, vamos por el universo luchando por las ideas pero al mismo tiempo explicarlo y resolverlo todo, nada más paradójico, si se tiene en cuenta que antes de pensar en lo abstracto debemos hacerlo por la superación, valga decir, queremos dineros pero no luchamos contra la pobreza, acabar con la violencia y nos convertimos en convidados de piedra en donde no hacemos nada, vemos actos injustos pero guardamos silencio, hasta dónde construir un futuro razonable sino hacemos sacrificios nada por las generaciones venideras.

De otro lado, las desigualdades y las injusticias nos llevan un paso adelante, padecimos la violencia y sus consecuencias, la prepotencia y su orgullo irrefrenable, y los más triste el poder al servicio de unos cuantos, casi siempre los ricos y los políticos mal intencionados, dejamos a un lado las enseñanzas de Shakespeare en el caso del Rey Lear o Macbeth en cuanto a “dónde estábamos y de dónde partimos para llegar a lo que somos”; esto si es una inmensa paradoja.

Pero entonces, siguen apareciendo las paradojas en la existencia del hombre y que tal de aquellos que creen saber mucho y no saben nada, de los que se consideran salvadores de una sociedad, de un Estado, de unas políticas económicas, educativas etc., de ahí que olvidamos dar respuesta a las grandes preguntas que mueven la curiosidad humana (Marcianó 2019. El físico que reivindica el Renacimiento: “Ser expertos en una sola cosa nos hace estúpidos”), y que en consecuencia se debe dedicar tiempo al saber, enriquecerse culturalmente pues a ello nos está llevando esta era de industrialización, recibir y reconocer datos, información de todo tipo.

La paradoja a vencer es a no quedarnos quietos, dejar la inercia existencial, construir un futuro, pero con algoritmos de verdad, entrelazando datos de interdisciplinariedad, para comprender que se debe mirar un todo y no un punto en medio del caos, reconocer la belleza frente a la fealdad de los fenómenos sociales que enfrentamos pero al mismo tiempo alimentar la belleza interior para no terminar como idiotas útiles o a estúpidos a los que se refiere Marcianó.

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