NUESTRO NIVEL DE DETERMINACION EN LA PANDEMIA

El filósofo nos lleva a descubrir la historia de la determinación social. (Josè Rafael Herrera)

 

Después de un año de pandemia y de pensar en sentido reconstructivo, observamos que el pasado sigue estando atrás como esa mirada inquisidora frente a lo que se ha dejado de hacer bien, para centrarnos en un presente todavía más incierto ante la incertidumbre, la improvisación y la falta de un norte existencial, lo cual conlleva a concluir que no se tiene futuro cercano, cuando la sociedad muere lentamente ante la inoperancia política y gubernamental, además que se ha dejado de creer en la institucionalidad.

 

“En ese instante de dolorosa invocación, el sujeto se hace objeto de sí mismo, la parte se hace todo y lo finito se hace infinito” (Herrera), para pensar cuál es nuestro nivel de determinación dentro de esta sociedad y un mundo en pandemia, donde ningún estado ni ciudad se ponen de acuerdo para enfrentar las consecuencias de esta, e igualmente con ese deseo inquebrantable por querer volver a casa, a lo que teníamos antes y a esa vida sencilla y tranquila, a comparación de los horarios, los pico y cédula, pico y placa, y otros colores, que han marcado esa angustia a la que se ha visto enfrentada el ser humano.

 

Nos encontramos en una segunda naturaleza en donde la voluntad del hombre se entregó a otros, y ese poder de determinación que se tenía, ya no se tiene, basta mirar la cantidad de prohibiciones, de incredulidades y discriminación rampante en todos los sentidos, desde lo político, lo económico, lo social, lo educativo etc., las palabras inocentes usadas nadie las cree, rogamos, alegamos, protestamos y hasta peleamos, pero de la determinación nada, vocablo que es utilizado por algunos representantes de la filosofía clásica, en especial la alemana  para hacer referencia a una forma ciertamente innovadora y más concreta de comprender el destino ((Schicksal), y en efecto es ese destino el que no vemos claro, las vacunas van y vienen, algunos países en mayor cantidad ya las aplicaron, otros apenas comienza y algunos ya están acabando, esa incertidumbre de no saber cuándo inocularán esa cura, somete al individuo a presiones sociales, a estrés generalizado y a enfermedades mentales, basta ver las estadísticas mundiales para ver el aumento de este padecimiento; nos encontramos con un destino con sometimiento y ausencia de libertad a raíz de la impotencia y del manejo de fuerzas oscuras, que no dejan erradicar esa pavorosa evocación de la resignación, queda esperar, solo esperar a que las cosas mejoren, un panorama triste y cruel.

 

Estas consideraciones, acerca de la determinación y su influencia con el destino permiten sorprender precisamente a ese destino, a encontrar esos cinco minutos para saborear las sensaciones placenteras, evitar aquello que nos vuelve diminutos y no representan lo que yo soy.

 

No podemos decir, que el dolor tiene muchas capas y sabores (tristeza, miedo, alivio, culpabilidad), que se ha sobrevivido por la duda biológica del vicho contaminador, pues somos frágiles, inseguros ante aquello que ha generado en la hermenéutica social la incomprensión del argumento natural del hombre, frente a la naturaleza aniquiladora de una sociedad en desigualdad generalizada.

 

“El tiempo cura todas las heridas”, pero el tiempo no cura, es lo que se hace con ese tiempo. (Edith Egher)

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