La universidad en América Latina arrastra una inercia histórica que la ha mantenido atada a esquemas virreinales, evolucionando a un ritmo dolorosamente lento en comparación con las urgencias éticas de nuestro tiempo. Tras la fachada de la modernización, la competencia encarnizada entre instituciones ha despojado a la universidad de su espíritu original, convirtiéndola en un nicho de mercado y en una fábrica de fuerza productiva. Al abandonar el cultivo del pensamiento, el cuidado de la Tierra y la comprensión del tiempo que nos habita, la educación superior ha terminado por adiestrar para el consumo fútil y la producción vacía. En el fondo, este modelo revela una trágica paradoja: la universidad contemporánea enseña a competir, pero ensancha el miedo a la muerte porque ha renunciado a su tarea más urgente: enseñarnos a aprender a vivir.
Diego Mario Zuluaga O.
LA UNIVERSIDAD EN DISPUTA: ENTRE EL PODER, EL CONOCIMIENTO Y LA FORMACIÓN HUMANA
Entre las transformaciones políticas, las exigencias del mercado y los avances tecnológicos, la universidad latinoamericana enfrenta el desafío de renovarse sin renunciar a su autonomía, su responsabilidad social y su vocación humanista.
- La universidad: una institución entre el conocimiento y el poder
Toda reflexión sobre la renovación universitaria debe partir de una pregunta fundamental: ¿para qué sirve, en el fondo, la educación superior?
Joseph Ratzinger, en su reflexión sobre la relación entre fe, razón y universidad, reivindicó la necesidad de mantener abierta la búsqueda de la verdad.[1] Esta aspiración no se agota en la adquisición de conocimientos técnicos ni en la preparación para una profesión: también busca comprender el mundo, orientar la existencia y reconocer aquello que hace posible una vida digna y responsable. Desde otra tradición filosófica, Sócrates recordaba que una vida sin examen pierde parte de su sentido.
VIVIENDO EN EL COSMOS Y UN MUNDO EN CAOS
La rutina, las ambiciones, las rivalidades y otros factores negativos pueden distraer, con el tiempo, atención y energía, dejándonos enjutos y débiles, irascibles y tristes. Hace falta que volvamos al corazón. – (León XIV)
Entre la función, la forma y la existencia
Mucho se ha hablado acerca del origen del cosmos al igual que del caos, han existido grandes maestros que han dedicado su vida a pensar y escribir al respecto, entre estos son conocidos: Jorge Luis Borges, Franz Kafka, Fernando Pessoa y James Joyce entre otros; de estos se ha aprendido fuera de sus reflexiones su avance literario y lo mejor de la libertad y del sentirse excluido. Lo central de la discusión es dónde empieza la reflexión y cuándo el capital político es más importante ante la contingencia para defender los conceptos.
ELOGIO DE LA MÁSCARA: SIN RESPETO Y SIN AUTORIDAD
Respeto, autoridad y falta de identidad
“En la actualidad, la sociedad se está escindiendo a ojos vistas en grupos que se oponen de manera hostil e irreconciliable. A quien exprese una opinión divergente se le declara inmediatamente como enemigo.” (Byung-Chul Han)
1. UNA MÁSCARA DESDIBUJADA
Vivimos un tiempo en que la sociedad, como advierte Han, se escinde en grupos hostiles e irreconciliables, y quien disiente es declarado enemigo antes de ser escuchado.[1] En ese clima ocurre algo más hondo que una simple descortesía: la sociedad ya no respeta ni se hace respetar, y llega a creer que irrespetar nos vuelve mejores personas, más libres y más auténticos. La máscara, esa forma que durante siglos permitió presentarse ante los demás con medida y reserva, se ha desdibujado hasta volverse irreconocible.
CUANDO LA CENSURA SOBREPASA LAS BUENAS INTENCIONES
“En demasiados momentos de la historia la humanidad creyó que podía derrotar una idea expulsando a quien la expresaba.” (Diana Cohen Agrest, filósofa argentina)
En muchas ocasiones confundimos escuchar con aprobar. Un argumento se escucha para examinarlo, y después puede ser contradicho, aceptado o refutado; sin embargo, cuando algo nos incomoda, es habitual que aparezcan las protestas, que las instituciones se inquieten y que la discusión se cierre haciendo desaparecer a la persona que la provoca. De este modo, la idea resulta derrotada de entrada, sin dejar espacio al debate.
EL PODER DE LAS MANOS EN UNA SOCIEDAD DESARRAIGADA
“Somos lectores porque somos humanos. Pero, sobre todo, somos humanos porque somos lectores” (N. Castellanos).
Se ha deshumanizado tanto la sociedad que se han perdido y olvidado las manos, ese regalo de los dioses, obsequio fascinante para mover los hilos indispensables que conectan al ser humano con su cotidianidad y con aquello que afina la lectura de la vida, tanto en lo racional como en lo emocional, cuando se busca la evolución en la transición de lo social a lo digital, de la tecnología y su inteligencia artificial, como nuevas formas de leer la dinámica de cómo se lee, se escribe y se produce lenguaje. Una sociedad desarraigada es, precisamente, aquella que ha perdido ese anclaje en el cuerpo; de ahí que este texto sostenga que el poder de las manos consiste en devolvernos raíces: tocar, escribir y leer con ellas es volver a habitar el mundo.
ENTRE LA FILOSOFÍA DE LO INACABADO Y LA COPERTENENCIA PARA TRANSFORMAR EL MUNDO
¿Cómo pensar como seres que vivimos en la escuela de las atracciones? Quizá recorremos lo que Gregorio Luri ha llamado la dignidad del mediocre; quizá nos encontramos en lo que se conoce como la filosofía de lo inacabado; o tal vez habitamos, sencillamente, una atmósfera cargada de instituciones desconocidas, con una política convertida en un cuadrilátero donde no cesan los enfrentamientos y con una verdad y una belleza sustituidas por la apariencia y el mercado. Este texto sostiene que, ante ese panorama, la filosofía de lo inacabado, que acepta nuestra imperfección, solo se vuelve transformadora cuando se vive en copertenencia, es decir, cuando reconocemos que nos pertenecemos unos a otros.
DEL CONOCIMIENTO AL TRABAJO: ¿QUÉ ESPERA LA SOCIEDAD DE NOSOTROS?
Conocimiento, trabajo, Inteligencia Artificial y responsabilidad en una sociedad que necesita algo más que trabajadores.
“No hay ninguna razón para arriesgar 8.000 millones de vidas para hacer un poco más ricos a unos pocos.” Roman Yampolskiy, profesor asociado de la Universidad de Louisville
Vivimos en una época que ha hecho del conocimiento una de sus mayores fuentes de poder. Nunca la humanidad había dispuesto de tantas posibilidades para aprender, investigar, comunicar y transformar la realidad. Sin embargo, paradójicamente, mientras proclamamos que vivimos en la sociedad del conocimiento, buena parte de nuestras preocupaciones siguen girando alrededor de una pregunta mucho más elemental: ¿para qué sirve lo que sabemos?
LO QUE ESCRIBÍ A LOS 17 AÑOS Y TODO LO QUE NO SABÍA QUE NO SABÍA (Sobre la Vida)
Hace casi cincuenta años, en un aula de bachillerato en Pereira, escribí que la vida era una misión que debía descubrir. Que, si era bueno, me pasarían cosas buenas. Que mi destino era mío y de nadie más. Lo escribí con la seguridad absoluta que solo se tiene a los diecisiete años, cuando todavía no sabemos cuánto no sabemos.
Volví a leer ese texto hace poco. Y descubrí algo incómodo: seguía teniendo razón en lo esencial y equivocado en casi todo lo demás.
LA NECROPOLÍTICA: ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA ADMINISTRACIÓN DE LA MUERTE
¿qué ocurre con la democracia cuando el poder político, armado o económico comienza a decidir quién puede vivir dignamente, quién queda excluido y quién puede ser sacrificado en nombre de determinados intereses?
La palabra necropolítica fue acuñada y desarrollada por el filósofo y politólogo camerunés Achille Mbembe en desarrollo de un ensayo del mismo nombre en el año de 2003. En el documento hace alusión al uso del poder social, político y militar para decidir quién puede vivir y quién debe morir, o a qué condiciones de muerte y precariedad se expone a las personas.

