CUANDO LA SOLEDAD ES INEVITABLE: UNA MIRADA DESDE LA FILOSOFÍA

   “¿Quién somos? ¡Ay! ¿Quién somos?”, más que preguntas filosóficas, son gritos emocionales angustiados. (García Lorca)

Si bien es cierto la filosofía de la soledad no está descrita dentro de las escuelas filosóficas, si está inscrita dentro de ese conjunto de reflexiones que tienen que ver con el autocontrol, el autoconocimiento y sobre el aislamiento que es esa condición humana que identifica al individuo, no como castigo impuesto sino como esa herramienta indispensable para el desarrollo personal y la independencia intelectual.

Y es que sostener ese fuego, esto es, el de la soledad dentro del corazón de la errancia humana se convierte en esa perturbación sistémica muy de moda en nuestra civilización. Es verdad que nos encontramos en crisis como ese acto de insubordinación frente a la resistencia normal del hombre a las políticas y sus angustias existenciales, a la deshumanización de las ideas que se volvieron simples como el movimiento de la tierra y su patria. Viene entonces la consabida pregunta: ¿Qué compañía hay en la soledad? Para Rousseau, la soledad es donde el yo se encuentra consigo mismo y puede así conocerse, alejado de las miradas externas y el mundanal ruido; por su parte Montaigne, señala que para que la soledad no nos provoque sufrimiento, hay que aprender a recibirse. «La soledad solo es gratificante cuando se elige positivamente, no si es una prisión o una huida»; pero entonces viene lo que la filósofa Olga Belmonte llama los sentidos de la soledad, entre estos se encuentran el aislamiento, la desolación y el vínculo del mundo dentro de esa soledad, pues es bien sabido que la soledad se interpreta desde las normas sociales y la idea que la cultura tiene al respecto.

Si la soledad es una estrategia para impulsar la manera cómo se escribe el ser humano en el universo existencial, también lo es el impulsar de manera breve esos ensayos del futuro y cómo divulgar los sentidos que tienen atados al individuo, pues de no comprender esa filosofía de la soledad estaríamos cayendo en esa prehistoria de la cual muy pocos han podido regresar.

¿Miramos la soledad porque nos hace sentir seguros en lo más profundo de nuestra condición homínida? ¿La culpa de la adicción a la soledad viene precisamente de esa historia dejada por los neanderthales? ¿Fue la soledad el peor error de la historia humana? Lo único que se puede saber en este momento es que si se dan de nuevo todas las circunstancias exactas (el aislamiento, la desolación y la desvinculación del mundo, falta de autocontrol y autoconocimiento) como cuadro de síntomas, es muy probable que resulte el mismo efecto que no se quiere mirar desde la sicología, el exceso de depresión desde el comportamiento hasta lo cognitivo y que como hemos reseñado, podría estar fuera de la escena de la realidad o el ser invisible del individuo.

No se puede pasar por alto que la filosofía de la soledad tiene sus propios enfoques filosóficos. Al hablar del existencialismo promovido por Heidegger y Jean Paul Sartre entre otros, refieren que la soledad es una condición fundamental de la existencia. De otra parte, Schopenhauer y Camus advierten que la soledad es el escape a la hipersocialización, esto es, escapar a ese bullicio social para analizar el mundo para lograr lucidez y sentido crítico. Además, echando mano a lo citado por Jean-Jacques Rousseau del “conócete a ti mismo” la soledad permite el reencuentro de uno mismo, aleja de las influencias externas y al mismo tiempo examina la validez de sus propias convicciones y cuál es su verdadera identidad. Encontrar ese límite de la soledad es una tarea indispensable entendiendo que si bien es cierto no se recomienda la soledad extrema; también lo es, que el hombre es un ser social por naturaleza (Aristóteles), sin embargo, Nietzsche veía la soledad como una medicina purificadora, advirtiendo que en sobredosis puede conducir a la amargura o la locura.

Hay que distinguir entre sentirse solo (una emoción dolorosa y desorientadora) y estar solo (un estado objetivo que, bien gestionado, fomenta la creatividad, la independencia y la libertad). Aunque el tiempo por sí solo es valioso y tiene historia desde las tradiciones de la sabiduría, fue Petrarca (1356) quien aseveró que la soledad es fuente de libertad y una virtud que “rehabilita el alma, corrige la moral, renueva los afectos, borra las imperfecciones, purga las faltas, reconcilia a Dios y al Hombre”; de ahí que la soledad puede ser considerada como una carga profundamente pesada, sin embargo el enfrentarla es efectiva y al superarla construimos un mundo menos solitario para los demás.

Termino este artículo con las siguientes preguntas, que serán respondidas desde su propio conocimiento: ¿La soledad por sí misma ha sido una maestra valiosa? ¿La soledad le ha permitido reflexionar sobre el valor de sus relaciones sociales, familiares o le generó estrés postraumático?

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