PROYECTO DE ÉTICA MUNDIAL II: VEINTE AÑOS DESPUÉS

    Nota del autor: el núcleo de este artículo lo escribí en 2005, cuando cursaba Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás de Pereira. Lo que sigue es esa idea original, releída, ampliada y confrontada con lo que el mundo se ha convertido desde entonces.

I. EL DIAGNÓSTICO DE UN ESTUDIANTE EN 2005

Razón tenía —y sigue teniendo— Hans Küng cuando advirtió que el ambiente del dogmatismo estaba afectando a la modernidad, y que en consecuencia se propendía por una teología de la libertad en la que primara el cumplimiento de los principios filosóficos de la catolicidad.[1] Escribía entonces que estábamos a años luz de esos principios, porque solo se mide al hombre por su éxito, sus ingresos y sus apariencias, mientras la desigualdad campea frente a la soberbia del sistema, del Estado, del legislador y del ejecutivo. No era una intuición original: era, más bien, la constatación de un joven filósofo que veía cómo las conquistas occidentales de la ciencia, la tecnología y la economía —a las que cada día nos apegamos más— nos iban dominando en lugar de liberarnos, hasta el punto de que el desencantamiento de las ideologías de progreso nos llevaba a una bancarrota que ya no era solo material, sino también espiritual.

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