EL PODER DE LA MENTIRA

Si alguna vez nos mintieron, es porque aceptamos ser engañados. Una premisa tendiente a determinar que el hombre es mentiroso por naturaleza, que todos somos mentirosos y acomodamos los resultados a nuestra propia conveniencia.La Mentira

Cuándo fue la última vez que nos engañaron?, por qué no detectamos que nos mentían?.  La respuesta es que no estamos armados  de conocimientos científicos, solo tenemos conversaciones difíciles en donde la razón no cuadra sino la imposición, aceptando una proposición en donde la mentira es un acto cooperativo, por quien la dice y quien la cree.

 

Claro que a veces somos partícipes de las mentiras, unas por conveniencia para mantener la dignidad social casi siempre, guardar hasta un secreto, otras veces, partícipes de daños desde lo personal hasta lo económico, desde lo productivo hasta lo procedimental, es decir, damos rienda suelta a complejas maquinaciones en provecho propio.

 

Ahora bien, entender el engaño es un asunto serio pues con ello podemos quebrar empresas, convertir en pobres a los más ricos, arruinar un excelente trabajo por una mediocridad indomable, y ello ocurre en todo ámbito, desde lo familiar a lo laboral, en el amor, en las conquistas, en la fe y en el corazón.

 

Somos productos ambiguos sobre la verdad, y esta solo la analizamos cuando la requerimos más no cuando mentimos y eso nos hace inteligentes, inteligencia para qué si se causa daño, se predispone la gratitud, la colaboración y cooperación, elementos inclusivos de las relaciones interpersonales, máxime cuando esta no se puede disimular y se identifican a los falsos amigos, a los políticos, a los ingeniosos ladrones de ideas hasta de identidad, o estafadores de primera clase.

 

Desde el mismo momento de hablar sobre la mentira y de todo el fenómeno social que ello conlleva, los interlocutores en especial el que miente baja la cabeza, mira al suelo, no sostiene la mirada, una culpa introspectiva de algo que sabe que está mal hecho, o que sabe que el argumento esgrimido en acomodado e irracional, solo buscando el provecho propio, en contra de los intereses de la persona, de la individualidad y hasta de su propia identidad.

Sobra la pregunta:  ¿Cuándo fue la última vez que se dejó engañar?

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