LA REALIDAD DE LOS VALORES –II-

En comentario anterior se hizo alusión a los antivalores, conocidos esto como lo contrario a los valores conocidos, (rigen a personas inmorales) conceptualizados desde un modo pragmático hasta su totalitaridad; pues estos nacen desde la psique del individuo aunados a las prácticas sociales de las cuales dependemos. images

Sin embargo, siempre se habla de valores como honestidad, responsabilidad y otros tantos, pero nunca pensamos que podrían haber otros que hacen parte de la cotidianidad del hombre y que a su vez son tan importantes como aquellos. Y en efecto nacen nuevas acepciones como por ejemplo: libertad contrapuesto a la esclavitud, la arrogancia frente a la humildad o que tal tolerancia social frente a la intolerancia social.

Vamos generando una conciencia como horizonte, tendiente a identificar la reflexión natural, esto es, una materialidad intencional  en  todos los actos, en donde las vivencias sean el as de ese modo real que exige la continuación de la subsistencia, basados en conceptos de percepción, de juicios y hasta de intenciones en términos de Husserl. Ese proceso de toma de conciencia está relacionado con el yo, por un lado el yo viviente, el yo sapiente y el yo pensante; valga decir tres elementos conjugados en uno solo, que hacen de la conciencia el arma sublime del hombre, para determinarse como individuo en esta sociedad corrompida.

Acabamos un proceso de resurrección religioso para los que son religiosos y para los que no lo son, basta mirar el significado de resucitar (renovar, dar nuevo ser a algo, según el diccionario RAE), ello para significar que el ser humano está en la obligación de renovarse a diario, de buscar aquellos elementos que luchan entre su valor y su antivalor; recuperar la cordura existencial para entender el gusto de lo bello y de lo sublime, una racionalización de las vivencias desde lo subjetivo (Kant), intentando una reflexión desde la experiencia y en donde la mediación de la objetividad, permita dilucidar las circunstancias en que nos relacionamos con los demás.

Necesitamos empezar a pensar históricamente, desde la destrucción hasta la creación y en donde la veracidad de los sentidos, usados apropiadamente, nos llevará a la valorización de estos valores y antivalores que se han ido arraigando a través de la historia, por aquello de la influencia intrínseca y extrínseca de la inteligencia emocional en que nos movemos, referenciada eso sí con la comprensión del presente y la armonía  con todos los seres por lo que piensan y experimentar desde el placer hasta su aflicción.

Otros valores como fidelidad e infidelidad, ignorancia y conocimiento, justicia e injusticia, trabajo y pereza, limpieza y suciedad, ayuda y perjuicio son nuevos valores y antivalores que se han arraigado en el momento actual del individuo, por aquello de romper las reglas desde lo ético y lo moral, dejando a un lado el principio de la búsqueda de la felicidad como fin último, como cuestionamiento sobre los métodos (Descartes) que se han aplicado a la modernidad en esta sociedad humanizada y deshumanizada en la que vivimos.

Los enunciados de valor y antivalor son indicativos de lo que pretende el autor de estos, primando las relaciones existentes entre dirección y voluntad, o un modo de pensar y de actuar de acuerdo al rumbo que se ha de tomar, pues la resurrección a la que nos hemos referido, es motivo de transfusión de vida, de esperanza, credulidad y entusiasmo para recuperar el débil cuerpo de nuestra vida.

Nuevamente termino preguntando: Cuál es su antivalor?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.